“LA INSTITUTRIZ”
Chejov
ESCRITOR : (Aparece bajo un reflector) ¡Esperen! Para quienes se sientan
ofendidos por la crueldad de la vida, existe una alternativa para el final…
“Ivan Ilyitch Cherdyakov se fue a su casa, se sacó la chaqueta, se tendió en el
sofá…y heredó cinco millones de rublos”. No hay ninguna base para eso, pero es
constructivo. Les aseguro que no es mi intención retratar la vida más dura de
lo que es. Pero algunos de nosotros nos encontramos realmente atrapados. Sirvan
de testigos a la situación en que se encuentra una joven institutriz que cuida
y educa a los niños de una familia de buen pasar…
SEÑORA : (Con un libro de cuentas frente a ella)
¡Julia!
(Una
joven institutriz entra apresurada, se detiene frente al escritorio con una
reverencia).
JULIA : Si señora?
SEÑORA : Mírame muchacha. Levanta la cabeza. Me
gusta verte los ojos cuando te hablo.
JULIA : (Levanta la cabeza) Si señora. (Pero su cabeza tiene el hábito de
agacharse).
SEÑORA : ¿Y cómo van
los niños en sus lecciones de francés?
JULIA : Son muy
despiertos, señora.
SEÑORA : Ojos en alto…¿Despiertos, dices? Bueno, y
¿por qué no? ¿Y en matemáticas? Supongo que les irá bien en matemáticas.
JULIA : Sí, señora.
Especialmente Vanya.
SEÑORA : Es lógico. Lo sabía. Yo fui sobresaliente
en matemáticas. ¿No dirías que lo heredó de su madre?
JULIA : Sí, señora.
SEÑORA : Cabeza en alto…(Ella levanta la cabeza) Así es. No tengas temor de mirar a la
gente a los ojos, querida. Si presumes de inferior es exactamente como la gente
te va a tratar.
JULIA : Sí, señora.
SEÑORA : Eres una muchacha bastante calladita,
¿no?…..Bueno, arreglemos nuestras cuentas. Imagino que necesitarás dinero
aunque nunca lo pidas….Veamos, quedamos de acuerdo en que recibirás treinta
rublos al mes, ¿no es así?
JULIA : (Sorprendida) Cuarenta, señora.
SEÑORA : No, no, treinta. Lo anoté expresamente
aquí (Señala el libro). Siempre he
pagado treinta a las institutrices…¿Quién te dijo cuarenta?
JULIA : Usted misma,
señora. No hablé con nadie más en lo referente al dinero…
SEÑORA : Imposible. Tal vez creíste escuchar
cuarenta cuando yo dije treinta. Si mantuvieras la cabeza en alto eso no
ocurriría. Mírame nuevamente y yo lo voy a repetir con toda claridad. “Treinta
rublos al mes”.
JULIA : Si usted lo
dice, señora.
SEÑORA : Arreglado entonces. Treinta al mes viene a
ser…Espera…Has estado aquí exactamente dos meses.
JULIA : Dos meses y
cinco días.
SEÑORA : No, no. Dos meses exactos. Lo anoté aquí.
Deberías llevar libros como lo hago yo. Evitaríamos estas discrepancias.
Entonces tenemos que dos meses a treinta rublos por mes…hacen sesenta rublos.
¿Correcto?
JULIA : (Haciendo pequeña cortesía) Sí, señora.
Gracias, señora.
SEÑORA : Substrayendo nueve domingos….¿Quedamos de
acuerdo en sustraer los Domingos, ¿no es verdad?
JULIA : No, señora.
SEÑORA : ¡Ojos, ojos!…Por supuesto que convinimos
en substraer los Domingos. Ni siquiera me tomé la molestia de anotarlo porque
siempre lo hago. ¿No recuerdas cuando te dije que íbamos a descontar los días
domingo?
JULIA : No, señora.
SEÑORA : Piensa.
JULIA : (Piensa) No, señora.
SEÑORA : No estabas pensando. Tu mirada estaba
vagando por ahí. Mírame directo a los ojos y piensa….¿Lo recuerdas ahora?
JULIA : (Entregada) Sí, señora. (Muy bajo)
SEÑORA : No alcancé a
escucharte, Julia.
JULIA : (Mas fuerte) Sí, señora.
SEÑORA : Bien . Estaba
segura que recordarías…Más tres días de fiesta. ¿Correcto?
JULIA : Dos, señora.
Navidad y Año Nuevo.
SEÑORA : Y con tu
cumpleaños son tres.
JULIA : Para el día de
mi cumpleaños trabajé, señora.
SEÑORA : ¿Si? No tenías para que hacerlo. Mis otras
institutrices no trabajaron jamás para el día de su cumpleaños.
JULIA : Pero yo
trabajé, señora.
SEÑORA : Pero ese no es el problema, Julia. Estamos
discutiendo cuestiones financieras ahora. Sin embargo, si insistes, voy a tomar
en cuenta solamente dos días festivos…¿Insistes?
JULIA : Yo trabajé,
señora.
SEÑORA : ¿Vas a
insistir entonces?
JULIA : No, señora.
SEÑORA : Muy bien. Son tres días festivos por lo
tanto descontamos…doce rublos. Luego tenemos los cuatro días en que el pequeño
Kolya estuvo enfermo y por lo tanto no recibió lecciones.
JULIA : Pero le hice
clases a Vanya.
SEÑORA : Muy cierto, pero yo te contraté para
enseñar a dos niños y no a uno. ¿Voy a pagarte un estipendio completo por hacer
la mitad del trabajo?
JULIA : No, señora.
SEÑORA : Entonces lo descontamos…Hay otros tres
días en que tuviste dolor de muelas y mi esposo te autorizó para no trabajar
después del almuerzo. ¿Correcto?
JULIA : Después de las
cuatro. Trabajé hasta las cuatro.
SEÑORA : (Mirando
el libro) Tengo aquí… “No trabajó después de almuerzo.” Nosotros comemos a
la una y hemos terminado hacia las dos, no a las cuatro, ¿Correcto?
JULIA : Sí, señora.
Pero yo…
SEÑORA : Eso hace otros
siete rublos….Siete y doce…Son diecinueve…Restando…
quedan…cuarenta un
rublos…¿Correcto?
JULIA : Sí, señora.
Gracias, señora.
SEÑORA : El cuatro de
enero quebraste una taza de té con platillo. ¿No es cierto?
JULIA : Sólo el
platillo, señora.
SEÑORA : ¿Y para que
sirve una taza de té sin platillo, ah?…Son dos rublos. El platillo
era una reliquia de
familia. Costaba mucho más. Pero dejémoslo en eso. Estoy
acostumbrada a perder.
JULIA : Gracias,
señora.
SEÑORA : Tenemos que el nueve de enero Kolya se
trepó a un árbol y se rompió el saco.
JULIA : Yo le prohibí
hacerlo, señora.
SEÑORA : Pero no te hizo juicio, verdad? Diez
rublos. Se robaron los zapatos de Vanya…
JULIA : Fue la
sirvienta, señora. Usted misma la despidió.
SEÑORA : Pero a ti se te paga una buena suma de
dinero para cuidar de todo. Te lo expliqué en nuestro primer encuentro. A lo
mejor no estabas escuchando. ¿Estabas escuchándome ese día, Julia o tenías la
cabeza en las nubes?
JULIA : Sí, señora.
SEÑORA : ¿Sí? Tenías la
cabeza en las nubes.
JULIA : No, señora.
Estaba escuchando.
SEÑORA : Eres una buena muchacha. Eso significa
otros cinco rublos menos. (Mira en el libro)….Ah, sí…El dieciséis de enero
te pasé diez rublos.
JULIA : No lo hizo.
SEÑORA : Pero lo anoté.
¿A qué iba yo a anotarlo si acaso no te los di?
JULIA : No lo sé,
señora.
SEÑORA : Esa no es una respuesta satisfactoria,
Julia…¿Por qué iba yo a anotar que te adelanté diez rublos si en realidad no te
los adelanté, ah?…¿No hay respuesta?…Entonces tengo que habértelos dado ¿no es
verdad?
JULIA : Sí, señora. Si
usted lo afirma, señora.
SEÑORA : Por supuesto que lo afirmo. Eso tienen de
bueno estas conversaciones. Se aclaran las dudas…Si descontamos veintisiete de
cuarenta y uno nos quedan…catorce, ¡correcto?
JULIA : Sí, señora. (Se vuelve llorando suavemente)
SEÑORA : ¿Qué es eso? ¿Lágrimas? ¿Estás llorando?
¿Sucedió algo que te hiciera desgraciada, Julia? Debes decírmelo. Me apena
verte así, Soy terriblemente sensible a las lágrimas. ¿Qué es lo que te aflige?
JULIA : Una sola vez desde que estoy aquí se me ha
entregado algún dinero y me fue dado por su esposo. Para mi cumpleaños me dio
tres rublos.
SEÑORA : ¿En verdad? Eso no figura en mi libro. Lo
anotaré de inmediato. (Escribe en el libro)…Tres rublos. Gracias por
decírmelo, soy un poquito floja con mis cuentas a veces…Siempre quedo corta en
los vueltos…Entonces tenemos que descontando los tres rublos a los
catorce…quedan once…Deseas revisar las cifras?
JULIA : No es
necesario, señora.
SEÑORA : Con ello queda nuestra cuenta saldada
entonces. Aquí tiene el salario de dos meses, querida. Once rublos (Pone la pila de monedas sobre el
escritorio) Cuéntalas.
JULIA : Tampoco es
necesario, señora.
SEÑORA : Vamos, vamos.
Las cuentas claras conservan la amistad. Cuéntalas.
JULIA : (Contando
con desgano) Una, dos tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve,
diez…No hay más que diez, señora.
SEÑORA : ¿Estás segura? Con seguridad dejaste caer
una…Ve si encuentras una moneda por el piso.
JULIA : Estoy segura
de no haber dejado caer ninguna , señora.
SEÑORA : Bueno, no está sobre el escritorio y yo sé
que te di once rublos. Busca por el suelo.
JULIA : No tiene
importancia, señora. Con diez rublos está bien.
SEÑORA : Bien, guarda esos diez por ahora y si no
le encontramos en el suelo después, discutiremos sobre el asunto el próximo
mes.
JULIA : Sí, señora. Gracias, señora. Es usted muy
bondadosa, señora. (Hace una reverencia y
comienza a retirarse)
SEÑORA : ¡Julia! (Julia
se detiene y se vuelve) Vuelve aquí. (Julia
se acerca nuevamente al escritorio y
hace una nueva reverencia). ¿Por qué me diste las gracias?
JULIA : Por el dinero,
señora.
SEÑORA : ¿Por el dinero?…¿Pero no te has percatado
de lo que he hecho? Te he trampeado…Te he robado. No tengo nada anotado en mi
libro. Inventé lo que se me pasó por la cabeza. En lugar de cancelarte los
ochenta rublos que es lo que te debo, te di solamente diez. Prácticamente te he
robado y aún así me das las gracias…¿Por qué?
JULIA : En los otros
lugares donde he trabajado no me dieron absolutamente nada.
SEÑORA : Entonces te engañaron más que yo….Yo sólo
te estaba gastando una broma. Una lección cruel pero que te enseñará. Tu eres
demasiado confiada y en este mundo eso es peligroso….Te voy a hacer entrega de los
ochenta rublos completos (Le pasa un
sobre) Lo tenía listo para ti y el resto está en el sobre. Toma.
JULIA : Como usted ordene, señora. (Hace reverencia y nuevamente se dispone
a salir)
SEÑORA : ¡Julia! (Julia se detiene) ¿Es posible ser tan dócil? ¿Por qué no
protestas? ¿Por qué no reclamas? ¿Por qué no gritas en contra de este
tratamiento injusto y cruel? ¿Es en verdad posible ser tan honesto, tan
inocente…y perdona si soy ruda, tan tonta?
JULIA : (Un pequeño esbozo de sonrisa en sus
labios) Sí, señora…es posible.
(Hace una nueva reverencia y sale corriendo.
La señora la ve irse y se queda
mirando en esa dirección durante un rato, con una expresión de total
derrota en su rostro. Las luces se desvanecen).
APAGÓN