EL ESTORNUDO

Chejov

 

 

EL ESCRITOR- (en su taller) Está bien, ustedes no me perturban para nada... preferiría mil veces conversar que trabajar, sin embargo me paso aquí día tras día acosado por el pensamiento que tengo que escribir, tengo que escribir, tengo que escribir... Este es mi taller. Mi estudio, el cuarto donde escribo mis cuentos. Lo construí yo mismo... corté la madera y ajusté los troncos. Escribo en este rincón del cuarto porque el techo gotea justo encima de mi escritorio. Mudaría el escritorio, pero resulta que está tapando un hoyo que me quedó en el piso y el piso lo construí en la ladera del cerro, por lo tanto cuando llueve fuerte, el cuarto tiende a deslizarse cerro abajo. En muchas oportunidades he estado parado aquí mismo y he pasado junto a vecinos que bajan por el camino.... A pesar de todo soy feliz en mi cabaña, aunque nunca recibo tantas visitas como quisiera . La gente tiende a apartarse de los escritores. Imaginan que siempre nos encontramos ocupados pensando. ¡Mentiras! Aun mi encantadora madre teme molestarme, y viene en puntas de pies hasta la puerta y deposita mi comida al lado de afuera. No he comido algo caliente en años. Pero he escrito bastante aquí ... demasiado quizás . Miro por la ventana hacia el exterior y contemplo con la rapidez que se me va pasando la vida. Entonces me pregunto ¿qué fuerza es esa que me impulsa a escribir incesantemente , día tras día, página tras página, cuento tras cuento?... y la respuesta es muy simple: soy escritor... a veces pienso que estoy loco... pero sumamente inofensivo. Admito que me vienen ataques y me pongo a desvariar mentalmente. Hay ocasiones en que me veo envuelto en una conversación y no escucho nada. Solamente miro unos labios que se mueven y de cuando en vez intercalo un : "sí, sí, por supuesto", sin querer significar nada. Mientras en realidad me encuentro analizando a mi interlocutor y pensando que haría un buen personaje para una trama... Gozo cuando estoy escribiendo y me encanta revisar las pruebas. Pero cuando lo que escribo aparece impreso, no lo puedo soportar. Me doy cuanta que es malo, una equivocación, que nunca debí escribirlo y me siento miserable . Entonces los lectores comienzan a expresar sus opiniones: "encantadora e ingeniosa", "sí, encantadora pero con reminiscencias de Tolstoy " "muy buena, pero "Padres e Hijos"  de Yurgenev es muy superior"... y así será hasta eñl fin de mis días... encantadora e ingeniosa, encantadora e ingeniosa, nada mas. Cuando muera mis amigos visitarán mi tumba y dirán "Aquí yace fulano de tal, un buen escritor. Pero Yurgenev era mejor..." Es curioso, pero antes de que ustedes entraran estaba pensando en que debería abandonar todo esto algún día. ¿Qué es lo que haría en vez?... bueno nunca he querido admitir públicamente, pero a ustedes que están presente en el teatro esta noche, me gustaría contarles... que lo que mas me gustaría hacer en la vida... desde que era niño anhelaba...  anhelaba ... perdónenme un momento. Debo anotar algo... (anotando) Se me acaba de ocurrir una idea... El tema para un cuento corto... mmmm... SIII. Sí, me iluminé al mencionar el teatro... ¿Sobre qué estábamos hablando hace un momento? No tiene importancia. Todos mis pensamientos están dirigidos hacia esta nueva historia. Veamos qué les parece... comienza en un teatro. Es la noche de abertura de una nueva temporada. Comienza con la llegada de todos esos queridos y devotos patronos de las artes, saludándose y sonriéndose los unos a los otros en el gran foyer . Comentando cómo se ven algunos y cómo van vestidos los otros y sin siquiera saber que obra es la que van a presenciar esa noche... con la excepción de un solo hombre Iván Ilyitch Cherdyacov

 

              (Ya se han dispuesto dos, o tres filas de asientos frente al público)

 

              Iván Ilyitch Cherdyakov, un empleado fiscal, un escribiente en el Ministerio de Parques Públicos, si tiene alguna pasión en su vida, es el teatro. Lo acompaña su mujer, Sonya, la señora Cherdyakov, vestidos con sus mejores galas, pero desentonan en la grandiosidad que les rodea. Se ven totalmente fuera de lugar. (Avanzan hacia sus asientos y se acomodan. Mientras su mujer lee el programa, Cherdyakov resplandece de felicidad. Esta noche él es un hombre feliz)

 

 

CHERDYAKOV : (Al Escritor) También tengo esperanzas y ambiciones de subir en el escalafón y para eso he dedicado mi vida a trabajar con ahínco y paciencia. Pero no por eso podría privarme de mi mayor placer, el teatro, y por eso compré dos localidades en la mejor ubicación de la sala para el estreno de “La Mujer Barbuda” de Rostov.

            

 (Un general en magnifico uniforme, entra en compañía de su mujer)

 

ESCRITOR : La fortuna quiso que esa misma noche asistiera al teatro su muy respetado y respetable jefe, General Mikhail Brassilhov, el propio Ministro de Parques Públicos.

    

            (El General y su esposa se sientan en la primera fila, justo delante de Cherdyakov)

 

CERDYAKOV : (Inclinándose hacia el General) Buenas tardes, General.

 

GENERAL : (Se vuelve fríamente) ¿Hm? ¿Qué? Ah, sí. Buenas noches. (Y vuelve a revisar su programa)

 

CHERDYAKOV : (Insistiendo) Si me permite señor… yo soy Cherdyakov…Iván Ilyitch. Este es un gran honor para mi.

 

GENERAL : (Sin interés) Sí.

 

CHERDYAKOV : Al igual que usted, mi querido General, yo también sirvo en el Ministerio de Parques Públicos… Es decir, le sirvo a usted, que es en realidad el propio Ministro de Parques Públicos. Yo soy asistente en jefe de los Escribientes del Departamento de Arboles y Arbustos.

 

GENERAL : ¡Ah, sí! Espero que continúen con el buen trabajo… Hermosos árboles y arbustos este año. Muy lindos.

             (El General vuelve a mirar al frente y Cherdyakov se reclina pleno de felicidad y con una sonrisa de oreja a oreja)

 

SRA. BRASSILHOV : (Al oído del General) ¿Quién es?

              (El General se recoge de hombros)

 

              (LA CORTINA IMAGINARIA DEL TEATRO SE LEVANTA Y TODOS APLAUDEN)

 

CHERDYAKOV : (Inclinándose nuevamente hacia adelante) Mi esposa tendría mucho gusto en saludarlo, General. Esta es ella, mi mujer, la señora Cherdyakov… Sonya…

 

SONYA : ¿Cómo está usted?

 

GENERAL : Es un placer.

 

SONYA : El placer es todo mío, General.

 

GENERAL : ¿Cómo está usted? (Visiblemente molesto se vuelve hacia el frente)

 

CHERDYAKOV : Señora Brassilhov… mi mujer, la señora Cherdyakov.

 

SONYA : ¿Cómo está usted señora Brassilhov?

 

SRA. BRASSILHOV : Como está usted.

 

SONYA : Recién tuve el placer de conocer a su esposo.

 

CHERDYAKOV : Y yo soy el marido de mi mujer. ¿Cómo está usted, señora Brassihlov?

 

ESCRITOR : Sht!!

 

 

GENERAL : (Al Escritor) Lo lamento. Lo lamento muchísimo.

              (El General trata de controlar su rabia mientras todos se vuelven para continuar viendo la obra)

 

CHERDYAKOV : Espero que esté disfrutando la obra, señor.

 

GENERAL : (Apunto de reventar) Lo haré si me deja usted verla.

 

ESCRITOR : Satisfecho de si mismo por haber sabido aprovechar al máximo esta maravillosa circunstancia, Cherdyakov se arrellana para disfrutar también la obra. Ya no era un extraño cualquiera para el Ministro de Parques Públicos. Su relación se había vuelto, seamos generosos al calificarla, algo así como familiar…

              Y entonces, de repente, sin previo aviso, como un rayo lanzado desde el cielo tormentoso…

 

CHERDYAKOV : !!!AAAAAAAAAAHHHHHHHHH…CHUUUUUUUU!!!

 

             (La descarga del estornudo monumental da de lleno en la cabeza del General, que brinca de inmediato para tocar la humedad del impacto)

 

CHERDYAKOV : !!!Por todos los santos!!! Lo siento, excelencia. Lo lamento muchísimo.

             (El General saca un pañuelo y se seca la cabeza)

 

GENERAL : No se preocupe, está bien.

 

CHERDYAKOV : ¿Que está bien? Por supuesto que no está bien. No tiene perdón de Dios. Es algo monstruoso lo que he hecho.

 

GENERAL : Está armando un lío por nada. Olvídelo. (El General guarda su pañuelo)

 

CHERDYAKOV : (Sacando su propio pañuelo) ¿Cómo podría olvidarlo? Fue inexcusable. Permita que le limpie el cuello, General. Es lo menos que puedo hacer.

 

GENERAL : Déjelo así. ¡Le digo que está bien!

 

CHERDYAKOV : Pero yo lo salpiqué, señor. Su cabeza se encuentra totalmente rociada. Le aseguro que fue un accidente, pero es sumamente desagradable.

 

TODOS : Sht!

 

GENERAL : Lo lamento. Mil perdones.

 

CHERDYAKOV : Lo que sucedió, excelencia, es que vino totalmente inadvertido. Salió por mis narices antes de poder sofocarlo.

 

 

SRA. BRASSILHOV : ¡Sht!

 

CHERDYAKOV : Por supuesto, lo siento… (Se echa hacia atrás presa de los nervios. Se suena con su pañuelo. Nuevamente se inclina hacia adelante) No me encuentro resfriado por si es eso lo que le preocupa, señor. Posiblemente se trate de una partícula de polvo en el interior de la nariz.

 

GENERAL : ¡Sht!

 

            (Todos siguen la obra en silencio, Cherdyakov se siente profundamente desgraciado)

 

ESCRITOR : Por mucho que lo intenta, Cherdyakov no puede olvidar el incidente. El estornudo, un simple accidente anatómico, crece en su mente a proporciones desorbitadas, hasta parecer un enorme cañón disparando derecho al campo enemigo. Su imaginación vuelve a repetir el incidente, lentamente, para poder apreciar en su real magnitud el infame episodio.

 

              (Cherdyakov repite el episodio en cámara lenta y con una potencia diez veces superior al estornudo original. El General también reacciona igual, como si recibiera un combazo de 25 kilos en la base del cráneo. Se repite el episodio

              del estornudo completo, y en ese momento cae la cortina imaginaria de la obra. Todos aplauden, se levantan y comienzan a salir, luego de esta encantadora velada.)

 

GENERAL : Encantadora… encantadora.

 

SRA. BRASSILHOV : Sí, encantadora.

 

GENERAL : Encantadora… simplemente encantadora. ¿No la encontraste encantadora, querida?

 

SRA. BRASSILHOV : La encontré extremadamente encantadora.

 

             (Cherdyakov, detrás de ellos golpea suavemente la espalda del general)

 

ESCRITOR : Yo quedé totalmente encantado con ella.

 

CHERDYAKOV : (Aún golpeando la espalda del General) Perdón, excelencia…

 

GENERAL : ¿Quién golpea? Alguien me está golpeando. ¿Quién es el que golpea?

 

CHERDYAKOV : Yo estoy golpeando señor. Soy yo el golpeador… Cherdyakov.

 

SRA. BRASSILHOV : Apártate, querido, es el estornudador.

 

 

 

 

CHERDYAKOV : No hay cuidado. Ya estoy completamente estornudado… Lo que me preocupa es el hecho de que usted vaya a salir al aire nocturno con la cabeza húmeda.

 

GENERAL : ¡Oh, eso! Fue una nadería. Un simple “faux pas”. Olvídelo joven. Entretenida la obra, ¿verdad? ¿Le divirtió a usted?

 

CHERDYAKOV : ¿Divertirme? Por supuesto que sí. ¡Ja, ja! Ciertamente. ¡Ja, ja! No me había reído tanto en años. ¡Ja, ja ja!…

 

GENERAL : ¿Cual fue la parte que más le interesó?

 

CHERDYAKOV : El estornudo. Cuando estornudé sobre usted. Fue algo imperdonable, señor.

 

GENERAL : Olvídelo joven. Vamos querida. Parece que va a llover y no quisiera mojarme la cabeza nuevamente.

 

SRA. BRASSILHOV : No deberías permitir a las personas estornudar sobre ti, querido. No eres una persona para que te estornuden. (SALEN)

 

CHERDYAKOV : ¡Estoy arruinado! Esto es el fin para mi. Me van a hacer despedir de Arboles y Arbustos y me descenderán a Ramas y Varillas.

 

SONYA : Vamos, Iván.

 

CHERDYAKOV : ¿Qué?

 

SONYA : No debes dejar que eso te preocupe. Fue solo un estornudito inofensivo. Posiblemente el General ya lo habrá olvidado.

 

CHERDYAKOV : ¿En verdad lo crees?

 

SONYA : ¡No!… Tengo miedo, Iván.

 

ESCRITOR : Y se van a su casa desesperados.

 

CHERDYAKOV : Tal vez debería enviarle un lindo regalito. Quizás unas toallitas turcas.

 

ESCRITOR : La promisoria carrera de Cherdyakov ha sido literalmente borrada de una plumada.

 

CHERDYAKOV : ¿Por qué tenía que sucederme a mi? ¿Por qué diablos tuve que ir al teatro, para comenzar? ¿Por qué no fui a balcón a sentarme con gente de nuestra propia categoría? Ellos adoran estornudarse los unos a los otros.

 

SONYA : Ven a acostarte, Iván.

 

CHERDYAKOV : Tal vez si me presentara ante el General y le explicara el asunto nuevamente, pero en una manera encantadora, honesta y humillante para mí, no le quedaría mas remedio que perdonarme.

 

SONYA : Quizás se mejor no recordárselo, Iván.

 

CHERDYAKOV : No, no. Si deseo llegar a ser un caballero, debo comportarme como tal.

 

ESCRITOR : Y así llegó la mañana. Justamente ese era el día en que el General escuchaba peticiones, y como había unos cincuenta o sesenta solicitantes antes de Cherdyakov, él espero desde el alba hasta la caída de la tarde.

              (En la oficina del General)

 

GENERAL : El próximo… ¡EL PROXIMO!

 

CHERDYAKOV : Yo no soy el próximo, Excelencia… soy el último.

 

GENERAL : Bien, entonces…¡el último!

 

CHERDYAKOV : Ese soy yo señor.

 

GENERAL : Bien, ¿qué solicita?

 

CHERDYAKOV : Yo no solicito nada, señor. No soy un pedigüeño.

 

GENERAL : Entonces me hace perder el tiempo.

 

CHERDYAKOV : ¿No me reconoce, señor? Nos conocimos anoche en circunstancias un tanto “explosivas” …soy el salpicador.

 

GENERAL : ¿El qué?

 

CHERDYAKOV : El estornudador. El que estornudó. El estornudante salpicador.

 

GENERAL : ¿En verdad? ¿Y qué es lo que desea ahora? ¿Que le diga salud?

 

CHERDYAKOV : No, Excelencia… su perdón. Solo quiero asegurarle que no hubo ninguna motivación política o antisocial en mi estornudo. No fue partidista ni violento. Fue un acto de Dios. Maldigo el día en que esta protuberancia se

              formó en mi rostro. Es una nariz despreciable, señor, y yo no soy el responsable por sus indiscreciones. (Agarrándose la nariz) ¡Castigad a quién cometió el crimen, pero absolved al cuerpo inocente que está detrás! ¡Exiliad mi nariz, pero perdonadme, su benevolencia, perdonadme…

 

GENERAL : Estimado joven, yo no estoy enfadado con su nariz. Estoy demasiado atareado para ocuparme de sus problemas nasales. Le sugiero que se vaya a casa y tome un baño caliente… o frío… Tome cualquier cosa pero por favor no

 

              vuelva a molestarme con sus estúpidos problemas… Charlatanes, charlatanes, charlatanes… (Retirándose) Durante todo el día no he hecho más que escuchar a charlatanes, charlatanes, charlatanes… (Cherdyakov queda solo en la oficina sollozando)

 

CHERDYAKOV : Gracias señor. Dios lo bendiga a usted, a su esposa y a su familia. Que sus días transcurran con dulzura y sus noches sean mejores que sus días.

 

ESCRITOR : El sentimiento de desahogo que invade a Cherdyakov es enorme.

 

CHERDYAKOV : Pueda ser que los pájaros canten por la mañana frente a su ventana y pueda ser que el café de su taza sea fuerte y caliente…

 

ESCRITOR : El peso de la carga que le ha sido levantada es enorme, inestimable.

 

CHERDYAKOV : Venero la silla sobre la cual se sienta el uniforme que usted usa y que se sienta sobre la silla que yo venero…

 

ESCRITOR : Camina hasta su casa cantando y silbando como una alondra. La vida es, sin lugar a dudas, una maravilla, una dicha, un paraíso celestial…

 

CHERDYAKOV : ¡Oh, Dios, soy feliz!

 

ESCRITOR : Pero sin embargo…

 

CHERDYAKOV : Pero sin embargo…

 

ESCRITOR : Cuando llega a su casa se pone a pensar.

 

CHERDYAKOV : ¿Habré sido el blanco de un chiste cruel e insensato? ¿Si no tenía la intención de castigarme, por qué atormentarme sin piedad?

 

ESCRITOR : Si el estornudo significaba ya tan poco para el Ministro, ¿por qué mantenerlo deliberadamente retorciéndose en la cama?

 

CHERDYAKOV : Retorciéndome en agonía toda la noche!

 

ESCRITOR : Cherdyakov se pone furioso.

 

CHERDYAKOV : ¡Estoy furioso!

 

ESCRITOR : Se pasa la noche echando espumarajos de rabia y por la mañana…

 

CHERDYAKOV : ¡Sonya! ¡SONYA! (Entra Sonya) He sido humillado.

 

SONYA : ¿Tú, Iván? ¿Pero quién iba a humillarte a ti? Eres una persona tan bondadosa y generosa.

 

 

CHERDYAKOV : ¿Preguntas quién? Pues yo te diré quién. El General Brassilhov, Ministro de Parques Públicos.

 

SONYA : ¿Qué fue lo que él hizo?

 

CHERDYAKOV : ¡El puerco! Fui humillado de una forma tan sutil que fue casi imperceptible. La astucia de ese hombre es solo equiparable a su crueldad. Prácticamente me forzó a entrar en su oficina y arrastrarme e implorar de rodillas. Me dejó balbuceando como un idiota.

 

SONYA : ¿Eso te hizo?

 

CHERDYAKOV : Debo regresar a decirle lo que pienso de él… (Saliendo) Hay que hacer del mundo un sitio seguro, en donde los hombres de todas las naciones, de todos los credos, sin importar el color de su piel o su religión, sean libres para estornudar sobre sus superiores. Va a ser él quién será humillado por mí.

             (Luces sobre el escritorio del General)

 

GENERAL : ¡Ultimo! (Cherdyakov se detiene con mirada penetrante ante el General, y con el asomo de una leve sonrisa en los labios. El General levanta la vista.) ¿Bien?

 

CHERDYAKOV : ¿Bien?… ¿Bien, dice usted?… ¿No me reconoce, su excelencia? Míreme a la cara.    Está en lo cierto. Soy yo otra vez.

 

GENERAL : Es usted otra vez, ¿pero quién es usted?

 

CHERDYAKOV : (Confidencial) Cherdyakov excelencia. He regresado sin haber tomado un baño caliente ni uno frío.

 

GENERAL : ¿Quién dejó entrar a este hombre inmundo? ¿Qué pasa?

 

CHERDYAKOV : (Dueño de la situación) ¿Que qué pasa?… ¿Qué pasa, pregunta usted? Desde su asiento detrás del escritorio usted pregunta ¿qué pasa? Sentado en su elevado sitial de General y de Ministro de Parques Públicos, un miembro de gran posición entre la clase alta, viene a preguntarle a un empleado fiscal inferior… ¿qué pasa? En el puesto que ocupa usted se da perfectamente cuenta

              de que en esta vida no existe igualdad…que hay algunos de nosotros que deben servir y aquellos que son servidos… unos que obedecemos y otros que son obedecidos, algunos que hacemos reverencias y aquellos que son reverenciados…que en esta vida, suceden algunos hechos que humillan a algunos de nosotros y aquellos que son causantes de las humillaciones… y a pesar de todo eso, usted pregunta ¿QUE PASA?

 

GENERAL : (Enojado) ¿Y qué pasa? No se quede ahí parloteando como un idiota. ¿Qué es lo que desea?

 

 

 

CHERDYAKOV : Le diré lo que deseo… Quiero disculparme nuevamente por haber estornudado sobre usted… No estaba seguro si había quedado en claro que fue un accidente… Le aseguro que fue un accidente…un…

 

GENERAL : ¡Fuera! ¡Fuera idiota! ¡Estúpido! ¡Imbécil! ¡Fuera de mi vista! ¡Nunca mas quiero volver a verte. Si alguna vez vuelvo a posar mis ojos en ti te mandaré deportar a Siberia para siempre… (Grita) ¿Cual es tu nombre?!

 

CHERDYAKOV : Ch…Cherdyakov.

              (Lo lanza como si fuera un estornudo en pleno rostro del General)

 

GENERAL : (Secándose) ¡Contagio ambulante! ¡Mamarracho! ¡Insecto! Eres aún menos que un insecto. Eres primo en segundo grado de una cucaracha. Yerno de una babosa. Eres el sobrino de un chinche. Eres próximo a nada, nada, ¿me escuchas?… ¡¡¡NADA!!!

              (Cherdyakov retrocede y se va a casa)

 

ESCRITOR : En ese momento, algo pareció desprenderse en el interior de Cherdyakov… Algo tan profundo y vital, tan orgánico, que el daño parecía irreparable. Algo fluyó de él que solamente puede ser descrito como la verdadera fuerza de la vida. (Cherdyakov se saca la chaqueta y se sienta en el sofá con la cabeza apoyada en las manos) El asunto había terminado de una vez y para siempre. Lo que sucedió a continuación fue muy simple… (Cherdyakov se tiende en el sofá) Iván Ilyitch Cherdyakov llegó a su casa… se quitó la chaqueta… se tendió en el sofá…y murió. (La cabeza de Cherdyakov cae y su mano se desliza al piso).

 

 

 

                                                       APAGON