“CIRUGIA”
Chejov
ESCRITOR : ¡Esperen! Nuevamente para
aquellos que se sienten ofendidos por la crueldad de la vida, existe una
alternativa de final…. Julia se encontraba tan furiosa por el tratamiento
injusto y cruel que había recibido, que inmediatamente renunció al empleo y
regresó a casa de sus pobres padres en donde heredó cinco millones de rublos.
Tengo la intención de escribir un día un libro conteniendo treinta y siete
cuentos cortos. Todos con el mismo final. Me encanta. Ustedes saben que se
afirma que el hombre es la única criatura capaz de reír y que esa facultad es
la que nos separa de las formas más bajas de vida… Sin embargo cabe preguntarse
sobre esta teoría, cuando uno analiza algunas causales de nuestra risa. El
dolor, por ejemplo. No hay para que decir que el dolor no causa risa. Salvo,
naturalmente que sea otra persona la que sufra. ¿Por qué la vista de un hombre
lamentándose de dolor en la agonía que le produce el absceso en un diente que le ha agrandado la encía al
porte de una naranja, es divertido? No lo puedo comprender. No es nada de
divertido. Pero en la aldea de Astemko, donde tienen pocas oportunidades de
entretenerse, un hombre con dolor de muelas puede cosquillearles durante semanas.
Naturalmente que, Sergei Vonmiglasov, el sacristán, no encontró en absoluto
humorística la situación…
(Las luces caen sobre la
sala de cirugía. En un extremo hay una silla y en el otro una mesa con variado
instrumental médico. Entra el sacristán Vonmiglasov.
Es un hombre grande y corpulento vestido con casaca y ancho cinturón. Es como
un cura en la iglesia rusa del pueblo. Una bufanda le envuelve la cabeza y se
le ve la mandíbula hinchada. Cruza el escenario gimiendo de dolor) Aunque
al pasar por la aldea rumbo al hospital, sus lamentos y quejidos causaron más
risotadas que frases de consuelo. ¿No les habría causado aún mayor hilaridad de
haber sabido que el buen doctor que atiende normalmente los casos de
extracciones se encontraba asistiendo a la boda de su hija y le reemplazaba su
nuevo asistente, Kuryatin, un vehemente estudiante, pero para mal del
sacristán, sin experiencia?
(Durante este parlamento,
Kuryatin, el asistente, se coloca una chaqueta de doctor no muy limpia y enciende
un choco de cigarro. Al entrar el sacristán, Kuryatin toma un gran libro que
lleva por título una sola palabra “Dientes”.)
SACRISTAN : ¡Ohhh! ¡Ohhh! El dolor es
insoportable… va más allá de lo que se puede resistir. Es intolerable.
KURYATIN : ¿Donde siente
exactamente el dolor?
SACRISTAN : ¿Donde no lo siento? En
todas partes. No es solamente el diente. Es todo el costado de la boca.
KURYATIN : ¿Desde cuando
viene sufriendo esta agonía?
SACRISTAN : Diez años.
KURYATIN : ¿Diez años?
SACRISTAN : Desde ayer por la mañana
me parecen diez años. Debo haber pecado gravemente para merecer esto. Dios
tiene que haber dejado a un lado todos sus otros asuntos para castigarme en
esta forma. ¿Donde está el doctor?
KURYATIN : El doctor se encuentra
ausente atendiendo asuntos personales. Dejó todo el cuidado de sus pacientes en
mis jóvenes y hábiles manos.
SACRISTAN : ¿Pero es usted
doctor?
KURYATIN : En todas sus formas con
excepción del título… Soy un doctor que va a ser.
SACRISTAN : Entonces yo soy un
paciente que no va a ser. Adiós. (Da
media vuelta. y se queja)
KURYATIN : (Intentando convencerlo para que no se vaya) Le puedo asegurar que
lo único que me impide llevar el título de “Doctor” es la mera formalidad de un
examen. Soy muy diestro pero me falta el pergamino. Le ruego por favor que me
de esta oportunidad. Haga el favor de sentarse en la silla, padre.
SACRISTAN : (Va hacia la silla) ¡Los Cielos me protejan hoy día! (Se sienta) ¡¡Ayyyy!!… Duele hasta al
sentarse.
KURYATIN : Sin duda los nervios
deben de estar inflamados. Una vez removido, el dolor cesará.
SACRISTAN : ¿Va a remover
los nervios?
KURYATIN : El diente que
está conectado al nervio. Un caso de cirugía simple…
(Lanza
una bocanada de humo al rostro del sacristán)
SACRISTAN : El cigarro.
KURYATIN : ¿Qué?
SACRISTAN : Me está
quemando los ojos con el cigarro.
KURYATIN : Lo lamento.
¿Prefiere que lo apague? Solo fumo para calmar mis nervios.
SACRISTAN : Fúmeselo.
Fúmese el cigarro entero.
KURYATIN : Gracias. (Comienza a desatar la bufanda y al no
lograrlo, toma un par de tijeras del bolsillo de su chaqueta y dando un tirón a
la bufanda la corta con rapidez. El sacristán grita de dolor ¡Ayyyyyyy!)
Ahí estamos… Ahora veamos lo que hay aquí.
SACRISTAN : (Poniendo sus manos en alto) Rezo por usted… Rezo a los santos y a
nuestro querido Señor en el cielo… Sea gentil conmigo. Evíteme el dolor.
KURYATIN : Mi querido sacristán…
Vivimos en una era de avanzada tecnología científica. Con manos diestras ya no
hay cabida para el dolor. Si gentileza es lo que pide, gentileza es lo que
obtendrá… ¿Estamos listos? (El sacristán
asiente) ¡Magnifico! Ahora por favor abra la boca para que yo pueda
examinarlo. (El sacristán se pone tieso)
Vamos, vamos… Abra la boca por favor. (El
sacristán se aferra a la silla y se rehusa a abrir la boca) Mi querido sacristán, inexperto como soy, al menos
sé que es esencial que usted ahora abra la boca. Es primordial, para todo
trabajo concerniente a la boca, abrirla primero. Sería prácticamente imposible
para mi tirar del diente desde el exterior. Ahora, por favor abra la boca. (El sacristán entreabre los labios, pero
mantiene los dientes apretados) Los labios no, Tiene que abrir la boca
entera. No es para cepillarle los dientes. Es para examinarlos.
SACRISTAN : ¿Va a ser
gentil?
KURYATIN : ¿No se lo
prometí?
SACRISTAN : De niño se me prometieron
muchas cosas que jamás recibí.
KURYATIN : Esta parte de la
intervención no es dolorosa. Esta fase consiste en un examen para descubrir lo
que hay que hacer. ¡¡Abra de una vez!! (El
sacristán abre la boca) Muy bien.
Ahora vamos a ver. (Kuryatin atisba hacia
el interior. El sacristán gime de dolor) Ah, si. Ahí está. Ese es el
monstruito… Te descubrí, malulo.
SACRISTAN : Hasta cuando va a hablar
con él. Sáquelo de una vez en lugar de entablar amistad con él.
KURYATIN : No me apresure. Estoy
considerando… Su diente tiene un orificio tan grande que podría pasar por él un
caballo con coche y todo. (Se tapa la
boca en señal de disgusto por lo que ve)
SACRISTAN : ¿Qué pasa?
KURYATIN : Llega a ser repugnante
mirarlo… Pero si esta va a ser mi profesión es mejor que me vaya acostumbrando
a estas cosas. Bien, vamos a intentarlo.
SACRISTAN : Sea gentil
conmigo.
KURYATIN : Seré suave
como su propia madre.
SACTISTAN : Mi madre no me
quería. Tiene que ser más suave.
KURYATIN : Primero voy a ver cuan
vivo se encuentra el nervio… “suavemente” voy a soplar en el diente. ¿Está
bien? Permítame un instante… (Se aparta a
un lado y prueba la fuerza de varios
soplidos en su mano. Satisfecho vuelve al lado del sacristán) Ahora
veremos. (Se acerca a la boca abierta del
sacristán lo mas que puede y luego lanza un soplo directamente al diente. El
grito que lanza el sacristán es desgarrador) Puedo informarle que el nervio
se encuentra expuesto y muy vivo.
SACRISTAN : ¿Soplar en los dientes es
una demostración del avance de la tecnología de la ciencia?
KURYATIN : (Yendo hacia mesa) Los estudios están aún inconclusos. Todavía
queda mucho trabajo que desarrollar en este campo. Mucho depende de la
temperatura del aliento del doctor… Ahh. Esto servirá. (Elige un forceps) (Forceps en el original. Imagino que lo habrá hecho
para darle mayor comicidad. De otro modo sería “Pinzas o Tenazas”)
SACRISTAN : ¿Qué piensa
hacer con eso?
KURYATIN : Tengo que tironear del
diente. Estará fuera mas rápido de lo que usted puede escupir. (Vuelve hacia la silla)
SACRISTAN : (Persignándose) Oh, Dios
misericordioso….
KURYATIN : La cirugía en
esto no vale. Aquí sólo hace falta una mano firme. ¡Abra!
SACRISTAN : (Cantando como en misa) Oremus por usted. Que el Altísimo ilumine
su espíritu. Sea su voluntad darle salud y rapidez… Sobre todo rapidez.
KURYATIN : (Cantando) Aaa-men.
SACRISTAN : (Concluyendo su cántico) Aaa-men.
KURYATIN : (Aprovechando que el sacristán tiene la boca abierta con el canto, se
la mantiene abierta) Esto va a ser fácil. Hay dientes que salen firmes,
pero eso es cuando tienen raíces profundas… Espero que en sus plegarias haya
rogado por raíces superficiales. Bueno, aquí vamos. (Ya va a ponerse a trabajar en el interior cuando el sacristán lo coge
por la muñeca) No me sujete. No me tome la mano. ¡Suélteme, suélteme le
digo! (El sacristán lo suelta) (Kuryatin
va a poner nuevamente el instrumento en la boca del sacristán cuando este otra
vez lo toma por la muñeca) Otra vez me ha tomado la mano. Si voy a sacarle
el diente necesito mi mano. Suélteme. (El
sacristán no lo suelta) Si no me suelta la mano voy a arrancarle un dedo
con estos forceps. (El sacristán no
afloja, por lo que Kuryatin lo golpea en los nudillos con el forceps. El
sacristán retira su mano adolorida) Así está mejor. Lo intentaré
nuevamente. (El sacristán abre la boca y
Kuryatin logra introducir el forceps en la boca) Bien. Bien. No se
retuerza… tranquilo… Se está retorciendo otra vez… Lo importante es tomarlo
bien firme por la base para que no se nos quiebre la corona…
SACRISTAN :
¡Ohhhh….Ohhhhhhhhhh! (Cierra la boca)
KURYATIN : (Forzando al sacristán a abrir la boca, logra introducirle nuevamente
el forceps) Ahora sí. Esta vez agarré bien firme al pequeño monstruo. Bien.
Ahora haga lo que haga, no me vaya a tomar la mano. Bastantes dificultades voy
a tener con su diente para que usted interfiera. Quieto ahora. Cuando diga
tres…Uno…Dos…Tres.
(Y Kuryatin tira, tira y tira. El diente no afloja y el sacristán
comienza a resbalarse del asiento. Kuryatin sigue tironeando pero solo consigue
arrastrar tras él al sacristán. No solo fuera de la silla… Al suelo…. De un
lado al otro… Al costado opuesto de la habitación… Y finalmente logrado el
objetivo de extraer el diente en medio de los alaridos y quejidos del
sacristán)
SACRISTAN :
¡¡¡¡Aaaaaaaayayayayyyyyyyyyy!!!!
KURYATIN : (Cayendo hacia un lado, victorioso) ¡Lo tengo! ¡Lo tengo! Harto
tironié, pero lo saqué. ¡Mi primer diente!
SACRISTAN : Espero que lo tironeen
hacia el otro mundo en igual forma. (Se
toca la cara)
KURYATIN : (Mirando el forceps) ¡Ah, lo sabía! La corona se quebró. Todavía
tiene las raíces dentro. ¡Que lío va a ser esto! Yo le advertí que no se
retorciera.
SACRISTAN : (Aun tendido en el suelo) ¡Carnicero! ¡Carpintero! Usted es la
venganza de Dios por mis pecados. Comparado con usted mi dolor de muelas era
una alegría.
KURYATIN : ¡Campesino ignorante!
Solamente hay una cosa mas dura que las raíces de ese diente y esa es el
cerebro que hay dentro de su cabeza. (Se
levanta y avanza hacia el sacristán) Ahora vuelva a la silla. Nuestro
negocio se encuentra inconcluso.
SACRISTAN : (Habiéndose puesto de pie, comienza a retroceder para alejarse de él)
Manténgase lejos de mi, ¡brujo! Si llega a colocar sus dedos en mi boca será la
primera comida sólida que habré probado esta semana. (El sacristán se lanza hacia la puerta para encontrar que Kuryatin se
le ha anticipado en llegar y que le bloquea el paso)
KURYATIN : Usted no abandonará este
lugar antes de que le haya sacado esas raíces. Es una cuestión de orgullo
profesional. (El sacristán huye de
él. Kuryatin lo persigue. Habiendo
logrado que Kuryatin se aleje de la puerta, el sacristán corre hacia ella
perseguido y ganado por Kuryatin…Exhaustos, ambos se deslizan hacia el piso,
muy juntos el uno del otro y demasiado cansados para moverse.)
SACRISTAN : Me doy por
vencido…
KURYATIN : Y yo he fallado
en el cumplimiento de mi deber.
SACRISTAN : Ven, hijo mío. Recemos
juntos por un milagro. (El sacristán
logra ponerse de rodillas y se arrastra para ayudar a Kuryatin a arrodillarse.
Ambos juntando las manos dirigen sus miradas hacia arriba y oran) Querido
Señor que estás en los cielos….
KURYATIN : Oh Dios en las
alturas…
SACRISTAN : Te suplico por
este buen doctor…
KURYATIN : Te ruego por
esta pobre criatura… (Las luces comienzan a bajar)
SACRISTAN : Mantén su mano
firme….
KURYATIN : Mantén su boca abierta…
(Las luces continúan bajando
muy lento)
SACRISTAN : No le dejes
flaquear…
KURYATIN : No le dejes
morderme.
SACRISTAN : ¡Ave María!
KURYATIN : ¡Ave María!
SACRISTAN : ¡Ave María!
KURYATIN : ¡Ave María!
SACRISTAN : ¡Ave María!
KURYATIN : ¡Ave María!