Chejov
(Las luces iluminan la
oficina de un funcionario del Banco…)
JIRIN : (A gritos, asomando la cabeza hacia afuera)
¡Diga que compren en la farmacia un frasco de valeriana, en gotas, y que
traigan al despacho agua fresca!… Hay que decírselo cien veces… Estoy agotado…
Tres días y tres noches escribiendo y sin pegar los ojos. Me paso la noche
tosiendo en mi casa… (Tose)… y ahora
siento todo el cuerpo congestionado… me duelen las piernas, me tiembla el
cuerpo y los ojos me arden. Nuestro director… ese sinvergüenza… se dispone a
leer hoy en la junta su Memoria con el título : “Nuestro Banco en el presente y
en el porvenir”… ¡Lo que quiere es lucirse, mientras yo trabajo para él como un
presidiario… El hace poesía mientras el que suda con las cuentas soy yo…
¿Entonces era…? Uno…siete…dos…siete…cero…tres. Prometió que si todo salía bien
hoy, si lograba embaucar al público, me daría un anillo de oro y trescientos
rublos en metálico… vamos a ver si cumple. Eso sí, que si he estado trabajando
en balde… soy un hombre colérico, y cuando me acaloro… soy capaz de llegar
hasta el crimen… ¡Sí! (De detrás del
escenario llega el sonido de unos aplausos)
KISTUNOV : Gracias,
gracias. ¡Estoy emocionado!
JIRIN : Tengo el honor de felicitarte, Andrei
Andreevich, en el décimo quinto aniversario de la fundación de nuestro banco y
desearle…
KISTUNOV : (Estrechándole fuertemente la mano) ¡Gracias…gracias, querido mío!
¡Es un día tan célebre como hoy, creo que podemos besarnos! (Lo besa) ¡Gracias! Si mientras tuve el
honor de ocupar la dirección de este Banco, hice algo útil, se lo debo,
principalmente, a mis compañeros. ¡Sí, son quince años!… ¿Y mi Memoria… cómo
va?
JIRIN : Sólo faltan ya
unas cinco páginas.
KISTUNOV : ¡Magnífico!
¿Estará entonces lista a eso de las tres?
JIRIN : Si no viene nadie a molestarme, la
terminaré, en efecto. Lo que queda es ya una insignificancia.
KISTUNOV : ¡Magnífico!… La junta es
a las cuatro, así que, por favor querido… ¿A ver? Deme la primera mitad para
repasarla… en esta Memoria tengo puestas grandes esperanzas. (Comienza a leer) A todo esto, me
siento terriblemente cansado, anoche me dio otro ataque de gota… el
nerviosismo… la agitación… ¡Estoy fatigado!
JIRIN : Esta cantidad
de cifras me nubla los ojos… dos…cero…ocho…tres…
KISTUNOV : Y otra contrariedad. Hoy
por la mañana vino a verme su señora y volvió a quejarse de usted. Me dijo que
ayer, en la noche, estuvo usted persiguiéndola a ella y su cuñada con un
cuchillo… ¡Kusma Nicolaich, esto ya es demasiado!
JIRIN : (En
tono severo) Me atrevo, Andrei Andreevich, teniendo en cuenta el
aniversario, a dirigirme a usted con un ruego. Le pido, aunque solo sea en
atención a mi trabajo de presidiario, que no se mezcle en mi vida familiar. ¡Se
lo ruego!
KISTUNOV : Que carácter tan
insoportable el suyo, Kusma Nicolaich. Es ud. una persona excelente,
respetable, pero con las mujeres se comporta como un “mujik”. No comprendo
porque les tiene ud. ese odio.
JIRIN : Y yo no
comprendo porque las quiere usted tanto.
KISTUNOV : (Pausa) Querido mío… De un momento a otro puede presentarse aquí la
Comisión de Directivos, y usted ahí, con esa bufanda puesta, y ese abrigo de
quién sabe qué color… Podía haberse vestido de frac o por lo menos llevar su
levita negra.
JIRIN : Para mi la salud es más preciosa que todos
sus dirigentes bancarios. Tengo el cuerpo congestionado.
KISTUNOV : Pero comprenda
que introduce ud. un desorden. Altera ud. el conjunto.
JIRIN : Si viene la Comisión, puedo esconderme…
¡Vaya! …Siete …tres …dos …uno …cinco… Tampoco a mi me gusta el
desorden…siete…cuarenta y dos… ¡Aborrezco el desorden…! …¡Que bien haría usted
no invitando al banquete de hoy a las señoras!
KISTUNOV : ¡Qué tonterías!
JIRIN : Ya sé que para que resulte más “chic” llenará
ud. de ellas el salón… pero… ¡cuidado!…podrían estropearlo todo… ¡De ellas no
puede esperarse más que daño y desorden!
KISTUNOV : Todo lo
contrario…la presencia de las mujeres eleva el espíritu.
JIRIN : ¿Sí, eh? Su esposa es una mujer instruida,
y, sin embargo, el lunes pasado, delante de extraños pregunta : “¿Es verdad que
mi marido compró acciones del Banco Prijaysky, que se derrumbaron en la Bolsa?”
…todo delante de extraños…¡confía usted demasiado en ella… ¿Quiere ir a para a
los tribunales?
KISTUNOV : Bueno… Todo esto en un
día de aniversario, es demasiado sombrío… A propósito, debe estar por llegar. A
decir verdad no me pone muy contento su
venida. Quiero decir… me alegro,
sí, pero me sería más agradable que se hubiera
quedado con su madre un par de días más. Me exigirá que pase
con ella la tarde, cuando hoy, precisamente… ¡Vaya! …ya me empieza un temblor
nervioso… ¡Tengo los nervios en tal tensión que bastaría la menor tontería para
echarme a llorar!… ¡No! …¡Hay que ser fuerte! (Entra Tatiana Alekseevna, con un bolso de viaje)
TATIANA : ¡Querido! (Corre hacia su esposo. Largo beso.)
KISTUNOV : Estábamos,
precisamente, hablando de ti. (Consulta
su reloj)
TATIANA : (Con
el aliento entrecortado) ¿Triste sin mi? ¿Bien de salud? Me he venido aquí
directamente de la estación, tengo muchas cosas que contarte… ¡No tengo
paciencia para esperar! …¡No me quito nada porque vengo solo por un minuto! (A Jirin) ¡Buenos días, Kusma Nikolai! (A su marido) ¿Y por casa, todo bien?
KISTUNOV : Todo. Has
engordado… te has puesto más guapa. ¿Qué tal el viaje?
TATIANA : Magnífico. Mamá y Katia te mandan
recuerdos… Vasilij Andrei me encargó te diera un beso… (Lo besa) …la tía te envía un tarro de mermelada, y todos están
sentidos porque no les escribes. También Sina me encargó que te diera un beso… (Vuelve a besarlo) ¡Ay, si supieras lo
que ha pasado!… ¡Lo que ha pasado! ¡Hasta me da miedo contártelo…! ¡Ay!…Pero,
bueno, veo por tus ojos que no te alegra verme…
KISTUNOV : Todo lo
contrario querida. (La besa. Jirin tose
malhumorado)
TATIANA : (Suspirando) ¡Ah, pobre Katia…me da
tanta lástima…tanta lástima!
KISTUNOV : Hoy, querida, celebramos
aquí el aniversario…la Comisión de la Directiva va a entrar de un momento a
otro, y tu estás sin vestir…
TATIANA : ¡Es verdad!…¡El
aniversario! …Les felicito señores…les deseo… ¿entonces hoy habrá banquete?
¡Eso me gusta!… ¿Y esa maravillosa Memoria, recuerdas, que tardaste tanto en
escribir, para la Directiva del Banco… vas a leerla hoy? (Jirin tose con enfado)
KISTUNOV : (Azarado) ¡Querida! ¡De eso no hay que hablar…¿verdad?! ¿No sería
mejor que te fueras a casa?
TATIANA : Ahora mismo…en un momento te lo cuento
todo y me marcho. Te lo contaré todo desde el principio hasta el fin. Pues
verás…recordarás que cuando me acompañaste al tren, me senté junto a esa señora
gorda y me puse a leer… No me gusta entablar conversaciones en el tren… Ya
llevábamos pasadas tres estaciones, y yo seguía leyendo sin haber cruzado una
palabra con nadie… Sin embargo, al llegar el anochecer, empezaron a dar vueltas
en mi cabeza unos
pensamientos ¡tan sombríos!…Frente
a mi iba sentado un muchacho de bastante
buen aspecto…Un moreno bastante
guapo… El caso es que nos pusimos a charlar… después se nos acercó un
marino…luego un estudiante… Yo les dije
que no estaba casada… ¡y qué
galantería la de todos ellos!… Estuvimos charla que te charla hasta la misma
medianoche… El moreno contaba unos chistes graciosísimos, y el marino se pasó
todo el tiempo cantando… De tanto que me reí, me llegó a doler el pecho… Y
cuando el marino se enteró, casualmente… -¡ay, esos marinos! - de que me
llamaba Tatiana…¿sabes lo que empezó a cantarme? (Cantando con voz de bajo) “Oneguin, no voy a negarlo…amo locamente
a Tatiana!”… (Ríe alegremente. Jirin tose
malhumorado)
KISTUNOV : Con todo esto Taniusha,
estamos molestando a Kusma Nikolaich. Vete a casa, querida… por favor…más
tarde.
TATIANA : ¡Qué más da! ¡Que lo oiga él también! ¡Es
muy interesante! Ahora mismo termino. Pues verás…en la estación - donde había
ido a esperarme Seriosha- estaba también un muchacho…parece ser que un
inspector… Bastante bien…guapito… Sobre todo con bonitos ojos. Seriosha me lo
presentó y salimos juntos los tres. El tiempo era espléndido…
(Se oyen unas voces detrás del escenario :
“¡No se puede!…¡No se puede!… ¿Qué quiere usted?”)
IVANOVNA : (En el umbral de la puerta y forcejeando con alguien) ¡Por qué me
sujetan!…¡Tengo que hablarle hoy mismo! (A
Kistunov) Permítame el honor… Nastassia Fedorovna Ivanovna…esposa del
Secretario Regional.
KISTUNOV : ¿En qué puedo
servirla?
IVANOVNA : Verá usted, excelencia.
Mi marido - el Secretario Regional Ivanov- está hace cinco meses enfermo…pues
bien, mientras estaba en casa siguiendo un tratamiento, lo despidieron sin
motivo alguno…y cuando yo, excelencia, fui a cobrar su sueldo, van ellos y me
descuentan veinte y cuatro rublos con treinta y seis centavos… ¿por qué razón,
me pregunto yo? Porque recibía de la caja colectiva, me contestaron; y eran los
demás compañeros los que debían responder por él… ¿Cómo puede ser eso? …¿Cómo
iba él a retirar nada sin mi consentimiento? ¡Eso es imposible, excelencia!…
¡Soy una pobre mujer!… ¡Soy débil, estoy indefensa! No recibo más que ofensas y
no oigo una buena palabra de nadie…
KISTUNOV : ¿Me permite? (Recibiendo un papel de Ivanovna)
TATIANA : (A Jirin) Pero es que tengo que contarlo desde el principio. La
semana pasada recibo una carta de mamá… En ella me dice que un tal Grendilevski
ha pedido la mano de mi hermana Katia… Parece ser que se trata de un muchacho
excelente, modesto, pero carente de medios económicos y sin situación definida…
Para mayor desdicha, figúrese que también Katia se había enamorado de él… ¿Qué
hacer en un caso así?…Por eso me escribía mamá, para que yo, sin pérdida de
tiempo, viajara a influir sobre Katia…
JIRIN : (En
tono severo) Perdone pero me ha hecho confundirme… ¡Su mamá!… ¿Katia?…me ha
hecho confundirme y ya no entiendo nada.
TATIANA : Pero por favor. ¡Cuando
una señora le habla debe usted escucharla!… ¡Por qué tiene tan mal humor el día
de hoy? ¿Está usted enamorado? (Ríe)
KISTUNOV : (A Ivanovna) ¿Pero qué es todo esto?… No
entiendo en absoluto.
TATIANA : ¿Conque está
usted enamorado? ¡Ah…se le sonrojan los cachetitos!
KISTUNOV : (A su mujer) Taniushka, ¡querida!…¡Sal un momento al pasillo! En
seguida voy.
TATIANA : Bueno. (Sale)
KISTUNOV : No entiendo nada de
esto…ud. señora viene aquí equivocada. Esta solicitud, por lo que se deduce de
su contenido, no nos corresponde a nosotros. Tenga la bondad de dirigirse a la
institución donde trabaja su marido.
IVANOVNA : He ido ya a cinco sitios
y en ninguno me la han querido aceptar. Tenía ya perdida la cabeza, cuando mi
sobrino, Boris, le recomendó a usted diciendo que era una persona de mucha
influencia, y podría arreglármelo todo. ¡Ayúdeme excelencia, ayúdeme!
KISTUNOV : Nosotros, señora, no
podemos hacer nada por usted. Compréndalo. Su marido, por lo que he podido
deducir, trabajaba en una institución médico - militar… mientras que la nuestra
es de carácter particular… comercial… Esto es un Banco. ¿Cómo es posible que no
lo comprenda?
IVANOVNA : Excelencia…tengo un
certificado del médico que demuestra que mi marido estaba enfermo. Aquí lo
tiene. Sírvase leerlo.
KISTUNOV : (Ligeramente irritado) ¡Magnífico!… lo creo, pero le repito que
este asunto no tiene la menor relación con nosotros.
(Tras el escenario, se oye la risa de Tatiana, luego otra masculina)
KISTUNOV : (Con una ojeada a la puerta) ¡Ya está ahí molestando a los
empleados! (A Ivanovna) ¡Resulta
extraño y hasta ridículo! Será posible que su marido no sepa a quién tiene que
dirigirse.
IVANOVNA : ¡El no sabe nada,
excelencia! No hace más que decirme… “estas cosas a ti no te importan”.
KISTUNOV : Le repito, señora, que su
marido estaba empleado en una institución médico - militar, y que esto es un
Banco…una empresa privada… comercial.
IVANOVNA : No digo que no… no digo
que no…le comprendo…pero en este caso, mande que me paguen por lo menos quince
rublos… ¡me conformo con no cobrarlo todo de una vez!
KISTUNOV : ¡Uf!
JIRIN : Andrei
Andreevich…así no terminaré nunca la Memoria.
KISTUNOV : ¡Ahora mismo! (A Ivanovna) ¡Es imposible hacerle a ud.
comprender! ¡Entienda de una vez que venir a nosotros con una solicitud de ese
género, es tan impropio como, por ejemplo, presentar una demanda de divorcio en
una farmacia!
(Se
oyen unos golpecitos en la puerta y la voz de Tatiana preguntando : “¿Se puede
pasar?”)
Espera querida, ahora mismo. (A Ivanovna) A usted no le han pagado,
pero nosotros celebramos hoy aquí un aniversario, y estamos ocupados… de un
momento a otro puede entrar alguien…
IVANOVNA : ¡Tenga compasión de mi,
pobre huérfana…! ¡Soy una mujer débil, indefensa! …¡me faltan las
fuerzas!…¡Todo lo tengo que hacer yo!… ¡Los asuntos de mi marido y de mi casa…
y ahora, para colmo, mi yerno está sin trabajo!
KISTUNOV : Señora Ivanovna… ¡Yo!…
No, perdón… no puedo seguir hablando con usted. ¡Hasta la cabeza me da vueltas!
Nos molesta usted, y pierde el tiempo en balde. (Aparte) ¡Qué peste! (A
Jirin) Kusma Nikolaich… ¡Explíqueselo, por favor, a la señora Ivanovna!… (Sale, humeando)
JIRIN : (Severo) ¿Qué se le ofrece?
IVANOVNA : Soy una mujer
débil…indefensa… Quizá parezca fuerte, pero, si se me mira detenidamente, se
verá que no hay en mi un tendoncito sano. ¡Apenas si me sostienen los pies. He
perdido el apetito…
JIRIN : Le estoy
preguntando que qué se le ofrece.
IVANOVNA : ¡Mande, padrecito, que me
paguen quince rublos!… El resto, si quieren, pueden dármelo aunque sea dentro
de un mes.
JIRIN : Ya se le ha
dicho a usted con toda claridad que esto es un Banco.
IVANOVNA
: Así será…así será, pero, si es necesario, puedo presentar un certificado
del médico.
JIRIN : ¿Eso que lleva
ud. sobre los hombros, es una cabeza o qué?
IVANOVNA : ¡Lo que yo le pido,
querido, es conforme a la ley!… ¡No pido nada a nadie!
IVANOVNA : (Asombrada) ¡Y del dinero…qué?
JIRIN : ¡En una palabra : que lo que lleva sobre
los hombros no es una cabeza, sino… (Golpea
con los dedos sobre la mesa, y se los lleva a la frente).
IVANOVNA : (Ofendida) ¿Cómo?… ¡Vaya!… Eso se lo haces, si quieres a tu mujer…
¡Yo soy la esposa de un Secretario Regional… conque cuidado conmigo!
JIRIN : (Cada vez peor) ¡Fuera de aquí!
IVANOVNA : ¡Ojo!… ¡Mira
bien lo que haces!
JIRIN : (Con
voz estrangulada) ¡Si no sales en este mismo instante, mandaré llamar al
portero!… ¡Fuera!
IVANOVNA : ¿Crees acaso
que tengo miedo?… ¡Valiente mamarracho!
JIRIN : Me parece no haber conocido en mi vida un
ser más repugnante. Si hasta se me sube la sangre a la cabeza. ¡Otra vez te lo
digo!… ¡Me oyes?… ¡Si no te marchas de aquí, vieja chocha… te haré polvo!…
¡Tengo tal carácter que podría llegar a dejarte inválida para toda la vida!…
¡Podría cometer un crimen!
IVANOVNA : ¡Se te va la
fuerza por la boca! ¡No te tengo miedo!
JIRIN : ¡No puedo soportar su presencia!… Me
siento mal, me duele todo… (Sentándose)
¡Han dejado que el Banco se llenara de mujeres, y ya no hay manera de escribir
la Memoria!… ¡Me es imposible…!
IVANOVNA : ¡No pido nada que no me
pertenezca!… Lo que pido es mío según la ley…
(Entran Kistunov seguido de Tatiana)
TATIANA : Fuimos a la fiesta de Berejnitzki… Katia
llevaba un vestido de “foulard” azul celeste, adornado de encaje fino y con el
escote abierto, se veía preciosa con el peinado alto que yo misma le hice.
KISTUNOV : (Ya con jaqueca) Sí, sí…un encanto. ¡Pueden entrar de un momento a
otro!
IVANOVNA : Excelencia…
KISTUNOV : ¿Qué hay… qué
desea…?
IVANOVNA : ¡Excelencia! ¡A ése le
pide usted que me arregle mi asunto, y lo que hace es burlarse de mi!… ¡Soy una
mujer débil… indefensa!
KISTUNOV : ¡Bien, señora!… ¡Yo lo
resolveré!… Haré las gestiones necesarias; pero váyase!… Siento venir el ataque
de gota…
JIRIN :
(Bajo a Kistunov) Andrei Andreevich, mande a buscar al portero y que la
eche. ¡Es inaguantable!
IVANOVNA : Excelencia…
JIRIN : (Con
voz llorosa) ¡Yo tengo que escribir la Memoria! ¡No me quedará tiempo! ¡No
puedo más!
IVANOVNA : Excelencia… ¿Cuando voy a
cobrar entonces el dinero?… ¡Lo necesito hoy!
KISTUNOV : (Indignado) ¡Qué mujer más vil… (Suave,
a ella) Señora… ¡ya le he dicho que esto es un Banco… una institución de
carácter privado… comercial!
IVANOVNA : ¡Hágame la merced
excelencia… sea un padre para mi!… Si no basta el certificado médico, puedo
darle también el de la comisaría… ¡Mande que me paguen el dinero!
TATIANA : Abuela, le
están diciendo que molesta… ¡qué especial es usted!
IVANOVNA : ¡Bonita mía!… No tengo a
nadie que pueda ayudarme en mis gestiones…
KISTUNOV : (Agotado) ¿Cuánto quiere usted que le
den?
IVANOVNA : Veinticuatro
rublos con treinta y seis centavos.
KISTUNOV : Bien… Aquí
tiene usted veinticinco… ¡Cójalos y márchese!
IVANOVNA : ¡Tantas
gracias, excelencia! (Se guarda el
dinero)
TATIANA : (Sentándose
junto a su marido) A todo esto, ya es hora de que me vaya a casa. Sólo que
todavía no he terminado. Acabo en un momento y me voy… Ay, lo qué pasó… ¡Lo que
pasó! Fuimos, como te decía a la fiesta de Berejnitski… Estaba bastante
bien…animada… aunque nada particular. Bien, uno de los presentes era
Grendilevski, el suspirante de Katia.
…Pues bien… yo ya había hablado con
ella, habíamos llorado juntas y la había convencido, por lo que, precisamente,
en esa fiesta habló con Grendilevski y lo rechazó… Pero, ¡imagínate!… ¡Piensa!…
¡Todo se había arreglado lo mejor posible!… Tranquilizada mamá y salvada Katia,
yo también podía estar
tranquila…,pero… ¿qué crees?…
Momentos antes de la cena, cuando me paseaba con Katia por la alameda… de
pronto… (Excitándose)…oímos un tiro…
¡No!…¡No!…¡No puedo hablar con
sangre fría de esto!… no, no puedo… (Kistunov
se toma la cabeza, Tatiana llora) …¡Corremos hacia el comedor y allí… allí…
encontramos al pobre Grendilevski, tendido en el suelo y con una pistola en la
mano…!
KISTUNOV : ¡No!… ¡No lo
puedo soportar! (A Ivanovna) ¿Y qué
más quiere usted?
IVANOVNA : ¿No será posible,
excelencia, que mi marido ingresara otra vez en su trabajo?
TATIANA : Se había disparado
justamente al corazón!… ¡Aquí!… El pobre cayó al suelo sin conocimiento… ¡Katia
se asustó muchísimo…! ¡Estaba allí tendido en el suelo tendido y pidiendo que
llamaran a un médico!… Este vino pronto y salvó al infeliz…
IVANOVNA : ¡Excelencia!…
¿Podría mi marido volver a ocupar su puesto?
KISTUNOV : ¡No! ¡No lo podré
soportar!… (Llorando) ¡No lo podré
soportar! (Tendiendo los brazos a Jirin,
con gesto desesperado) ¡Echela de aquí! ¡Echela… se lo suplico!
JIRIN : (Avanzando hacia Tatiana) ¡Fuera!
KISTUNOV : ¡No!… ¡A esa no!…¡A
esta!… ¡A esta horrible mujer! (Señalando
a Ivanovna) ¡A esta!
JIRIN : (Sin comprender, a Tatiana) ¡Fuera de
aquí!
TATIANA : ¿Cómo?… pero…
¿Qué le pasa?… ¿Se ha vuelto usted loco?
KISTUNOV : ¡Esto es
terrible!… ¡Soy un desgraciado!… ¡Echela!… ¡Echela!
JIRIN : (A Tatiana) ¡Te dejaré tullida!… ¡Te
haré trizas!… ¡cometeré un crimen!
TATIANA : (Corriendo
a escapar de Jirin, que la persigue) ¿Cómo se atreve?… ¡Qué frescura!… (Gritando) ¡Andrei!… ¡Sálvame!…
¡Andrei!… (Lanza un chillido)
KISTUNOV : (Corriendo a su vez tras ellos) ¡Paren! ¡Se lo suplico! ¡Silencio!…
¡Tengan compasión de mi!
JIRIN : (Emprendiéndola contra Ivanovna) ¡Fuera
de aquí! ¡Mátenla! ¡Un arma!
KISTUNOV : ¡Basta ya! ¡Se
lo ruego! ¡Se lo suplico!
IVANOVNA : ¡Ay de mi!
¡Socorro! (Lanza un chillido)
TATIANA : (Gritando) ¡Auxilio! ¡Auxilio!… ¡Ay!… ¡Me desmayo! (De un salto se sube a una silla, cayendo
luego en el diván donde permanece gimiendo, víctima de un desvanecimiento)
JIRIN : (Persiguiendo a Ivanovna) ¡Péguenle!…
¡Denle una zurra!
IVANOVNA : ¡Ay de mi!… ¡Se me nubla
la vista!… ¡Ay!… (Cae en brazos de
Kistunov. Se oyen unos golpecitos en la puerta, y una voz que anuncia : “La
Comisión)
KISTUNOV : ¡La Comisión!…
¡La reputación! …La ocupación!
JIRIN : (Pataleando)
¡Diablos! ¡Fuera de aquí! (Subiéndose las
mangas) ¡Que me la traigan! ¡Soy capaz de llegar al crimen!
(Entra en la habitación la Comisión, todos de
frac. Uno de ellos con un pergamino. Por detrás se asoman los empleados.
Tatiana está echada sobre el diván, Ivanovna descansa en los brazos de
Kistunov. Ambas exhalan ligeros gemidos).
UNO DE LOS DIRECTIVOS : (Comenzando a leer) “Estimado y querido Andrei Andreevich… Echando
una mirada retrospectiva sobre el pasado de nuestra empresa financiera y
recorriendo con la mente la historia de su paulatino desarrollo, recogemos una
impresión sumamente satisfactoria… Cierto que en los primeros tiempos, la
modesta cuantía de su capital básico, la carencia de operaciones de importancia
y lo indeterminado también de sus fines… ponían sobre el tapete la
interrogación de “Hamlet”… “ser o no ser”… ¡Hubo un tiempo, inclusive, en el
que se alzaron voces en pro del cierre del Banco!… He aquí, sin embargo, que
viene usted a colocarse a la cabeza de la empresa… Sus conocimientos, su
energía y su peculiar tacto fueron para ella causa de éxito extraordinario y de
raro florecimiento!… ¡La reputación del Banco!… (Tosiendo) ¡La reputación del Banco!…
IVANOVNA : (Entre gemidos) ¡Ayy…!
TATIANA : (También entre gemidos) ¡Agua…!
EL DIRECTIVO : ¡La reputación! (Tosiendo) ¡La reputación del Banco ha
sido elevada por usted a tal altura, que hoy en día nuestra empresa está en
condiciones de competir con las mejores del extranjero!…
KISTUNOV : La comisión… la
reputación… la ocupación… “mi papá fuma su pipa… ¿tiene tinta tu tintero?…
¿pone suelas el zapatero?…”
EL DIRECTIVO : (Prosiguiendo, azarado)… ¡Después!… ¡Fijando en el presente una
mirada objetiva…,nosotros…estimado Andrei Andreevich!… (Con voz que se apaga)… En ese caso…,volveremos más tarde… Mejor será
que volvamos más tarde… (Salen todos,
presos de azaramiento)…