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"La
escritura llega como el viento, está desnuda, es la tinta, es lo escrito,
y pasa como nada pasa en la vida, excepto eso, la vida" Marguerite Duras
A veces me
sorprendo
Sabes,
tengo miedo ...
En mayo la primavera cubre de flores la selva de Nicaragua
Desde hace mucho que te escribo, me parece que desde niño. La verdad es que no lo recuerdo bien, creo que comencé a escribirte esa mañana poblada de lunas, en que los olvidos llegaron a mi memoria y empezaron a abandonarme cada uno de los recuerdos de infancia, en ese momento en que la adolescencia se cruza vertiginosa y mis manos sudan temblorosas por la presencia a lo lejos de una muchacha que mira mas allá de la lluvia junto a la ventana de la Giralda, con un tazón de chocolate sobre la mesa en ese otoño de lluvias en la calle corrientes... Entonces te busque en sus ojos, te busque en sus manos y te escribí, te escribí entre la nostalgia de un bandoneón porteño y el primer beso dibujado en tu sonrisa. Te escribí en los muros donde se pintan los sueños de los pueblos, junto a las lanchas que están en la bahía en el puerto del Callao. En la sala de clases del colegio, a escondidas de la maestra de sexto grado. Te escribí junto a las hadas de mis cuentos infantiles en la inmensidad de un atardecer, te escribí nunca he dejado de escribirte. Te escribí sobre cálida arena y nubes de colores, te escribí desde la ausencia, aún te escribo...
Quisiera reinventar cada amanecer de lunas amarillas para tu andar ligero, sorprenderme de luz al sorprenderte, rozar tu sonrisa con mis labios y mis sueños.
Esta mañana, mientras la cuchara daba vueltas dentro de la taza de café, se sentó junto a mi mesa, mis ganas de verte. Me miro de sonrisas y placida tomo mi desayuno. La miré, ahí estaba, inmóvil, sentada sin cruzar palabras. Al Salir de casa mis ganas de verte se acomodaron en el cuello de mi camisa casi como una bufanda cubriéndome del frió. La volví a mirar, en silencio. Es extraño... en el camino, mis ganas de verte observaban por la ventana con el asombro de un niño que por primera vez juega con las olas junto al mar. Al llegar a la facultad se dedicaron a correr por los patios como un torbellino de jubilo y asombro. De pronto la mañana dio paso al medio día y al salir de la escuela, mis ganas de verte me estaban esperando sentadas junto a un jazmín que impaciente aguarda la primavera, sin darme tregua, mis ganas de verte se acomodaron en el bolsillo de mi chaqueta y cada tanto se asoman casi como espiando la tarde y aún no me cruzan palabras pero siguen allí...
Creo que esa mañana poblada de ilusiones infantiles, cabalgando bajo el viento en un corcel de sueños. Esa mañana de jardín en la casa de mis viejos. Esa mañana de soles y de amor inesperado. Detrás de los recuerdos que aún no se construyen. A la espera de una vertiginosa adolescencia. Esa mañana sin nostalgias, ni promesas ni futuros... creo que esa mañana por primera vez pensé en ti. Y desde entonces que te escribo... ¿Como mirar la luna desde la ausencia? ¿Como recordar los sueños que aún no he tenido? ¿Hacia dónde viajan las estrellas fugaces? El silencio baña de tristeza la tarde y se esconden en mi bolsillo Encontrarte, caminarte, descansar en tus labios Multiplicarme de niños más allá del silencio…. Y conocerte, reconocerte en las olas de la mar y el viento Encontrarte…
Eduardo
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