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"El arte es el alma desprendida del hecho" Carlyle
"El escenógrafo, debe hacer surgir el espacio dramático del corazón de los personajes que lo habitan; y el público debe ver en ellos la enmarañada imaginación del Rey Lear, o la cavernosa obsesión de la Loca de Chaillot, o la Siniestra morada de peñascosos puritanos en Las Brujas de Salem". Donald Oenslager
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| Sobre
la Dramaturgia y el espacio
Llamamos dramaturgia a una sucesión de acontecimientos basada en una técnica que apunta a proporcionar a cada acción una peripecia, un cambio de dirección y tensión. La dramaturgia no está ligada únicamente a la literatura dramática, ni se refiere sólo a las palabras o a la trama narrativa. Existe también una dramaturgia orgánica o dinámica, que orquesta los ritmos y dinamismos que afectan al espectador a nivel nervioso, sensorial y sensual. De este modo se puede hablar de dramaturgia también para aquellas formas de espectáculo - ya sean llamadas danza, mimo o teatro - que no están atadas a la representación ni a la interpretación de historias. Existe entonces una dramaturgia narrativa que enlaza los acontecimientos y los personajes y orienta a los espectadores sobre el sentido de lo que están viendo. Esto puede también unir formas y figuras que no cuentan historias pero que van devanando variaciones de imágenes. Y existe una dramaturgia orgánica o dinámica que apela a un nivel diferente de percepción del espectador, es decir su sentido cenestésico y su sistema nervioso. En realidad, cada escena, cada secuencia, cada fragmento del espectáculo posee una dramaturgia propia. La dramaturgia es una manera de pensar. Es una técnica que nos permite organizar los materiales para poder construir, develar y entrelazar relaciones. Es el proceso que nos permite transformar un conjunto de fragmentos en un único organismo en el cual los diferentes trozos no se pueden ya distinguir como objetos o individuos separados. Podemos hablar de una dramaturgia global del espectáculo y una dramaturgia para cada actor, una dramaturgia para el director y una para el autor. Incluso podemos mencionar una dramaturgia para el espectador, que consiste en el modo en que cada espectador vincula lo que ve en el espectáculo a lo que pertenece a su propia experiencia y lo llena con sus propias reacciones emotivas e intelectuales. La dramaturgia crea coherencia. La coherencia no significa necesariamente claridad. Es la complejidad que anima una estructura y permite al espectador llenarla con su propia imaginación e ideas. Eugenio Barba
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| Espacio
Escenográfico, espacio Dramático
Al hacer un análisis sobre el espacio dramático, y su relación con el "actor". (desde un punto de vista escenográfico) Es posible observar tres niveles o planos de lectura: El encuentro del "actor" en el espacio dramático, nos sitúa necesariamente en un lugar circunscripto a las leyes del espacio físico, por tanto un espacio como lugar, donde este debe generar la necesaria relación del personaje-actor con su arquitectura ( vivenciar el lugar, hacerse parte, habitarlo). Un espacio evocado a través de la convención dramática. La relación del personaje con el "decorado" (donde el actor nos habla desde la ficción). Y por último, el espacio narrado, que es el espacio que se reconstruye a través de la palabra (la relación del actor con el relato, la descripción).
Enfrentar el texto desde varios puntos de vista desde el análisis dramático; La temporalidad y su contexto posible, su relación conceptual, simbólica y espacial. Nos permiten entender y desarrollar el todo como una unidad orgánica. donde Forma, Color y Textura, son el medio por el cual podremos resolver las relaciones espaciales. El teatro es un espejismo, que no lleva en sí mismo ni sus fines ni su realidad. Antonin Artaud |
TEATRO
Y ARTE DRAMÁTICO El
teatro es un género literario —ya sea en prosa o en verso, normalmente
dialogado— pensado para ser representado; las artes escénicas cubren todo
lo relativo a la escritura de la obra teatral, la interpretación, la producción
y los vestuarios y escenarios. El término drama viene de la palabra griega
que significa 'hacer', y por esa razón se asocia normalmente a la idea
de acción. La mayoría de la veces se entiende por drama una historia que
narra los acontecimientos vitales de una serie de personajes. Como el
adjetivo dramático indica, las ideas de conflicto, tensión, contraste
y emoción se asocian con drama. Peculiaridades
del teatro Si
se considerara al teatro como una rama de la literatura o sólo como una
forma más de narrativa, se estaría olvidando gran parte de la historia
del teatro. En algunos periodos o culturas se ha dado más importancia
a la literatura dramática —obras de teatro— pero en otros hay una mayor
preocupación por los aspectos de la producción escénica. En algunas culturas
se valora el teatro como medio para contar historias; en otras como religión,
espectáculo o entretenimiento. El
teatro se ha utilizado como extensión de celebraciones religiosas, como
medio para esparcir ideas políticas o para difundir propaganda a grandes
masas, como entretenimiento y también como arte. A través de la historia
ha desarrollado su actividad en tres niveles al mismo tiempo: como entretenimiento
popular de escasa organización, como importante actividad pública y como
arte para la elite. Como entretenimiento popular, ha habido siempre individuos
o pequeños grupos que trabajan por su cuenta, representando cualquier
cosa, desde números de circo hasta farsas para grandes masas. El teatro
como actividad pública consiste en el drama literario representado en
teatros públicos; se trata por lo general de una actividad comercial o
subvencionada por el estado para el público en general. La tragedia griega,
las obras didácticas medievales y el teatro contemporáneo entran dentro
de esta categoría. El teatro como arte para una elite lo define su propio
público, un grupo limitado con gustos especiales. Esta fórmula puede aplicarse
tanto a las representaciones en la corte durante el renacimiento como
al teatro de vanguardia. TEATRO
OCCIDENTAL Teatro clásico: El primer periodo en teoría teatral occidental se denomina
clásico, porque comprende el teatro de las civilizaciones clásicas, de
las antiguas Grecia y Roma, y las obras están escritas en las lenguas
clásicas, griego o latín. TEATRO GRIEGO Los primeros datos documentados de literatura dramática
son del siglo VI a.C., y la primera obra crítica sobre la literatura y
el teatro la Poética (330 a.C.) de Aristóteles. Aristóteles sostenía
que la tragedia griega se desarrolló a partir del ditirambo, himnos corales
en honor del dios Dionisio que no solamente lo alababan sino que a menudo
contaban una historia. Según la leyenda, Thespis, el líder de un coro
del siglo VI a.C. creó el drama al asumir el papel del personaje principal
en una historia de un ditirambo: él hablaba y el coro respondía. Desde
ese hecho sólo había que dar un pequeño paso para que se incorporaran
otros actores y personajes, y la evolución del drama como forma independiente,
según Aristóteles. Pero el aparente desarrollo espontáneo del drama trágico
muy elaborado y sin precedentes es difícil de explicar. La tragedia griega floreció en el siglo V a.C. con autores
como Esquilo, Sófocles y Eurípides. Las obras son solemnes, escritas en
verso, y estructuradas en escenas (episodios) entre personajes (nunca
hay más de tres personajes hablando en una escena) e intervenciones del
coro en forma de canción (odas). Las historias están basadas en su mayoría
en mitos o antiguos relatos, aunque el objetivo no fuera simplemente volver
a contar esas historias (sobre las que los poetas se tomaban frecuentes
libertades), sino hacer consideraciones sobre el carácter de los personajes,
el papel de la humanidad en el mundo y las consecuencias de las acciones
individuales. Por lo general, eran obras de poca acción y los hechos se
relataban a través de diálogos y canciones del coro. Las obras se representaban en festivales en honor de
Dionisio; estos festivales incluían el Gran Dionisíaco de Atenas, en primavera;
el Dionisíaco Rural, en invierno; y la Lenaea, también en invierno tras
el Rural. Se seleccionaban las obras de tres poetas para su representación.
Aparte de tres obras trágicas (una trilogía), cada poeta tenía que presentar
una sátira, una farsa, a menudo atrevida parodia sobre los dioses y sus
mitos. Después se representaba la comedia, que se desarrolló hacia la
mitad del siglo V a.C. Las comedias más antiguas que se conservan son
las de Aristófanes. Tienen una estructura muy cuidada derivada de los
antiguos ritos de fertilidad. Su comicidad consistía en una mezcla de
ataques satíricos a personalidades públicas del momento, atrevidos chistes
escatológicos y parodias aparentemente sacrílegas de los dioses. Para
el siglo IV a.C. la comedia había sustituido a la tragedia como forma
dominante. Con la expansión de la cultura griega por medio de las
conquistas de Alejandro III el Magno, las comedias literarias y basadas
en tópicos, así como las tragedias filosóficas pasaron a ser poco apropiadas
y dejaron paso a la proliferación de la comedia local llamada nueva. El
misántropo es la única obra completa conservada de Menandro, el gran
autor de comedias nuevas. La trama gira alrededor de una complicación
o situación que tiene que ver con amor, dinero, problemas familiares y
similares. Los personajes son típicos e identificables, tipos socialmente
simples, como el padre miserable o la molesta suegra. La forma del ecinto
teatral griego evolucionó durante dos siglos; es interesante observar
que los teatros permanentes de piedra, algunos de los cuales aún hoy sobreviven,
no se construyeron hasta el siglo IV a.C.; es decir, tras el periodo clásico.
Los teatros al aire libre pueden haber constado de una orquesta, un área
circular y plana utilizada para las danzas del coro; detrás un escenario
elevado para los actores, y una zona de asientos más o menos semicircular
construida aprovechando una colina y en torno a la orquesta. Tenían un
aforo de 15.000 a 20.000 espectadores. Con el aumento de la importancia de los actores y la
disminución de la del coro, los escenarios se agrandaron y elevaron tomando
parte del espacio de la orquesta. Los actores, todos hombres, iban vestidos con la ropa
al uso pero portaban máscaras, que permitían gran visibilidad y ayudaban
al espectador a reconocer la característica del personaje. En grandes
teatros, los gestos sutiles y las expresiones faciales, de las que tanto
dependen los actores modernos, habrían sido inútiles. El movimiento era
aparentemente formal y estilizado, y el mayor énfasis se ponía en la voz.
La música acompañaba a las danzas. Una antigua producción griega estaba
probablemente más cerca de la ópera que del teatro moderno. TEATRO ROMANO Con la expansión de la República de Roma en el siglo
IV a.C., se absorbieron territorios griegos y, naturalmente, el teatro
y la arquitectura teatral griegas. El teatro propiamente romano no se
desarrolló hasta el siglo III a.C. Aunque la producción teatral se asociara
en principio con festivales religiosos, la naturaleza espiritual de estos
acontecimientos se perdió pronto; al incrementarse el número de festivales,
el teatro se convirtió en un entretenimiento. Por eso, no es de extrañar
que la forma más popular fuera la comedia. El gran periodo de creación
dramática romano empezó en el siglo II a.C. y estuvo dominado por las
comedias de Plauto y Terencio, que eran adaptaciones de la comedia nueva
griega. Las obras tenían una intriga de carácter local, aunque las de
Terencio también aportaban un valor didáctico. La estructura de las piezas
era muy dinámica y del gusto del público, y además solían cantarse muchas
partes de la obra. Aunque durante este periodo se representaran tragedias
romanas y griegas, se conservan y conocen las de Séneca que fueron escritas
para ser recitadas o leídas y no representadas, ya que en el siglo I el
interés del público por la tragedia había decaído. Las obras de Séneca
estaban basadas en mitos griegos pero tendían a enfatizar los aspectos
sobrenaturales, la violencia sangrienta y la pasión obsesiva más propias
del melodrama. El contenido, la forma y los recursos de la producción
de Séneca, una estructura en cinco actos que contenía soliloquios y discursos
poéticos, ejerció una gran influencia en el renacimiento. La construcción
de los teatros romanos y los griegos se desarrolló tras el fin del periodo
clásico. Se debió en buena parte a que los romanos pensaban que podían
ofender a un dios al construir un teatro en honor de otro. Solamente existían
tres teatros en la ciudad de Roma. El uso del arco permitió la construcción
de edificios independientes y prescindir del uso de las colinas para emplazar
el área de asientos como los griegos. Como el coro había terminado por ser insignificante,
el área destinada a él había sido reducida a un pequeño semicírculo. El
gran escenario, entre 24 y 30 metros de ancho, tenía detrás un decorado
fijo, el trons scaenae: un muro con nichos, arcos y tres puertas
adornado con tres pisos de columnas; la mayoría de las comedias romanas
se localizan en la calle frente a tres casas. Como en el caso de los griegos
el decorado era mínimo y sugerente. Alrededor del final del siglo II d.C., el teatro literario
había entrado en declive y fue sustituido por otros espectáculos y entretenimientos
más populares. Incluso las luchas de gladiadores se organizaban de forma
teatral, con una trama superficial, vestuario y decorados. La iglesia
cristiana emergente atacó el teatro romano, en parte porque los actores
y actrices tenían fama de comportamientos libertinos, y en parte porque
los mimos satirizaban con frecuencia a los cristianos. Estos ataques contribuyeron
al declive del teatro así como a considerar a las gentes del teatro y
sus actores como inmorales. Con la caída del Imperio romano en el 476
d.C., el teatro clásico decayó en occidente; la actividad teatral no resurgió
hasta 500 años más tarde. Sólo los artistas populares, conocidos como
juglares y trovadores en el mundo medieval, sobrevivieron y proporcionaron
un nexo de continuidad. TEATRO MEDIEVAL Irónicamente, el teatro en forma de drama litúrgico renació en Europa
bajo el seno de la Iglesia católica romana. Con idea de extender su influencia,
la Iglesia católica adoptó con frecuencia festivales paganos y populares,
muchos de los cuales tenían elementos teatrales. En el siglo X, los diferentes
ritos eclesiales ofrecían posibilidades de representación dramática; de
hecho, la misa misma no estaba lejos de ser un drama. Algunas festividades
se celebraban con actividades teatrales, como procesiones a la iglesia
el Domingo de Ramos. Las antífonas, responsos, salmos, motetes y horas
canónicas sugerían un diálogo. En el siglo IX, los adornos antifonales,
conocidos como tropos, fueron añadidos a los complejos elementos musicales
de la misa. Un tropo pascual de tres versos con un diálogo entre las tres
Marías y los ángeles en la tumba de Cristo, se considera desde el 925
el origen del drama litúrgico. Para el 970 ya existía un manual de acotaciones
para esta pequeña obra, incluyendo elementos de vestuario y de gestos
físicos. TEATRO RELIGIOSO El drama litúrgico se fue desarrollando a través de
los doscientos años siguientes, con varias historias bíblicas en las que
actuaban monaguillos y jóvenes del coro. Al principio bastaban las vestiduras
propias para la celebración de la misa y las formas arquitectónicas de
la iglesia como decorado, pero pronto se organizó de modo más formal.
La base del escenario físico eran denominadas mansión y platea. La mansión
consistía en una pequeña estructura escénica, un tabladillo, que sugería
de forma emblemática un lugar en concreto como el jardín del Edén, Jerusalén
o el Cielo; y la platea era un área neutra frente a la mansión que era
utilizada por los actores para la interpretación de la escena. Con la evolución del drama litúrgico, muchas historias
bíblicas temáticamente relacionadas se representaban como un ciclo; por
ejemplo desde la creación hasta la crucifixión. Estas obras se denominan
de diversos modos, obras de Pasión, milagros, de santos, loas. Se construían
mansiones al efecto alrededor de la nave central del templo, con el cielo
del lado del altar y la boca del infierno, una elaborada cabeza de monstruo,
en el otro lado. Las obras eran episódicas y su acción se desarrollaba
en periodos de tiempo que abarcan miles de años, incluían lugares separados
a gran distancia, y entornos con carga alegórica, espiritual y temporal.
A diferencia de la tragedia griega, que estaba orientada estrechamente
a la construcción de un clímax catártico, el drama medieval no siempre
mostraba tensión y conflicto. Su propósito era dramatizar la salvación
de la humanidad. Aunque la iglesia animara los inicios del drama litúrgico,
dadas sus cualidades didácticas, el entretenimiento y el espectáculo fueron
imponiendo su hegemonía, y la iglesia, de nuevo, demostró sus recelos
sobre el teatro. No queriendo renunciar a sus efectos beneficiosos, la
iglesia zanjó la cuestión trasladando la representación al exterior del
edificio. Se recreó la misma disposición del espacio físico en las plazas
de mercado de las ciudades. Sin deshacerse de su contenido e intencionalidad
religiosas, la producción fue progresivamente haciéndose más secular.
El Auto de los Reyes Magos, del siglo XII, del que sólo se conservan
147 versos corresponden a las características anteriores y es la primera
pieza teatral española que se conoce. TEATRO MEDIEVAL PROFANO En el siglo XIV, el teatro se emancipó del drama litúrgico para representarse fuera de las iglesias especialmente en la fiesta del Corpus Christi y evolucionó en ciclos que podían contar con hasta 40 dramas. Algunos estudiosos creen que, aunque similares a los dramas litúrgicos, los ciclos surgieron de forma independiente. Eran producidos por toda una comunidad cada cuatro o
cinco años. Las representaciones podían durar de dos días a un mes. De
la producción de cada obra se encargaba un gremio que intentaba que el
tema tuviera que ver con su ocupación laboral; así los trabajadores de
los astilleros podían, por ejemplo, escenificar una obra sobre Noé. Como los intérpretes eran con frecuencia aficionados
y analfabetos, las obras se escribían en forma de copla de fácil memorización;
no se conocen los nombres de los dramaturgos. Fiel a la visión medieval
del mundo, la precisión histórica no importaba y la lógica causa-efecto
tampoco se respetaba. La puesta en escena empleaba un realismo selectivo.
Las obras estaban llenas de anacronismos, de referencias locales y tópicos;
se pensaba poco en la realidad del tiempo y la distancia. El vestuario
y el attrezzo eran los propios de la vida de la época. Lo que se pudiera
retratar de modo realista se llevaba a escena con la mayor autenticidad
posible —se han documentado numerosos ejemplos de actores que casi fallecían
al representar crucifixiones excesivamente realistas o de otros que al
figurar de demonios sufrían gravísimas quemaduras—. Otro ejemplo documentado
es la utilización de un trapo rojo para separar en dos partes un escenario
que representa al mar Rojo. Después de rasgarlo se lanzaba sobre los supuestos
egipcios para sugerir que eran engullidos por el mar. Al público no le
molestaba la mezcla de lo real y lo simbólico. Siempre que se podía se
utilizaban efectos tanto populares como espectaculares, así la boca del
infierno se convertía en un gran despliegue mecánico y pirotécnico. A
pesar de su contenido religioso, eran en gran parte considerados una forma
de entretenimiento. Se empleaban
tres formas básicas de puesta en escena. La más común en Inglaterra y
España fueron las carrozas. Lo que antes fue la mansión se convirtió en
un escenario móvil, más o menos como la carroza de una cabalgata moderna,
que se movía de una parte a otra de la ciudad. Los espectadores se congregaban
a su alrededor en cada parada; los actores interpretaban sobre el carro
y sobre la platea construida a tal efecto en la calle o sobre alguna plataforma
anexa. En España se utilizaba este método con pequeñas variantes. En Francia,
se empleaban escenarios simultáneos, se erigían varias mansiones una al
lado de la otra, y se levantaba una plataforma frente al público allí
reunido. AUTOS Durante este periodo, surgieron obras folclóricas, farsas y dramas pastorales —siempre de autores anónimos— y, por supuesto, persistían varios tipos de entretenimientos populares. Las obras como Everyman (El hombre) o
La disputa del alma y el cuerpo, de autor anónimo español, trataban
normalmente el paso por la vida de un individuo y su conducta. Los personajes
alegóricos incluían figuras como la Muerte, la Gula, las buenas obras
y otros vicios y virtudes. Estas obras resultan a veces de tediosa lectura
para un público moderno —el esquema de la rima del verso es a menudo repetitivo
y cansino, las obras pueden llegar a ser dos o tres veces más largas que
una obra de Calderón, y la moraleja final es siempre obvia y paternalista—
pero los actores interpolaban música y acción y explotaban las posibilidades
cómicas en muchos de los papeles asociados a los vicios y al demonio para
crear una fórmula dramática popular. TEATRO DEL RENACIMIENTO La Reforma protestante puso fin al teatro religioso
a mediados del siglo XVI, y un nuevo y dinámico teatro profano tomó su
lugar. Aunque los autos y los ciclos con su simplicidad parezcan estar
muy lejos de los dramas de Shakespeare y Molière, los temas de la baja
edad media sobre la lucha de la humanidad y las adversidades, el giro
hacia temas más laicos y preocupaciones más temporales y la reaparición
de lo cómico y lo grotesco contribuyeron a la nueva forma de hacer teatro.
Además, el uso de actores profesionales en las obras fue sustituyendo
poco a poco a los entusiastas aficionados. El renacimiento empezó en diferentes momentos dependiendo
del lugar de Europa y no fue nunca un cambio repentino sino un lento proceso
de evolución en las ideas y valores de la época. En el teatro, el renacimiento
supuso un intento de recrear el drama clásico. Como los métodos de producción
y representación clásicos no se comprendían perfectamente, y al haber
sido injertados en la práctica y las tecnologías del momento las ideas
clásicas, el teatro del renacimiento tomó una forma totalmente nueva con
algunos visos de clasicismo. Esta fórmula se conoce generalmente como
neoclasicismo. TEATRO NEOCLÁSICO Las primeras muestras de teatro renacentista en Italia
datan del siglo XV. Las primeras obras eran en latín, pero acabaron por
escribirse en lengua vernácula. Las
prácticas escénicas y arquitectónicas de esta época han influido en la
producción teatral hasta nuestros días. En el plano arquitectónico se
hicieron intentos para recrear el escenario romano. Los primeros teatros
italianos, sin embargo, se construyeron en espacios ya existentes, como
palacios y patios, que tenían forma rectangular. Escénicamente, el desarrollo
más importante fue el descubrimiento de la técnica de la perspectiva,
pintando en una superficie plana para crear la ilusión de profundidad
o espacio. Esto permitió la construcción de escenarios que daban la impresión
de ser lugares reales. Lo emblemático, la escenografía real selectiva
de la edad media, dio paso al ilusionismo. Aunque
la ley de las unidades exigía una localización única, en la práctica se
empezaron a presentar escenas alegóricamente pródigas llamadas intermezzi
entre cada uno de los cinco actos de la obra. Esto exigía cambios de decorados,
y así durante los siglos que siguieron se idearon sistemas mecánicos para
cambiarlos. Para incrementar la ilusión de los lugares presentados y para
esconder la maquinaria y a los tramoyistas, se diseñó un marco arquitectónico
alrededor del escenario, el arco del proscenio que separaba el espacio
ocupado por los espectadores del mundo de ilusión de la escena, enmarcando
asimismo la imagen que ofrecía el escenario. CREACIÓN DE LA ÓPERA Y SU TEATRO Las
elaboradas exhibiciones escénicas y las historias alegóricas de los intermezzi,
en conjunto con los continuados intentos de recrear la producción clásica,
llevaron a la creación de la ópera a finales del siglo XVI. Aunque el
primer teatro de corte clasicista tenía un público limitado, la ópera
se hizo muy popular. A mediados del siglo XVII, se estaban construyendo
grandes teatros de la ópera en Italia; tenían por norma un gran escenario
y proscenio, un patio de butacas en forma de herradura, y gran cantidad
de palcos, cubículo dispuestos en hileras a lo largo de los muros internos
del teatro, creando así espacios privados para sentarse. La visión del
escenario desde estos palcos era a menudo muy pobre, pero las clases altas
acudían al teatro para ver tanto como para ser vistas. COMMEDIA DELL´ARTE Mientras
la elite se entretenía con el teatro y el espectáculo de estilo clasicista,
el público en general recibía la commedia dell'arte, un teatro popular
y vibrante basado en la improvisación. A partir de varias formas populares del siglo XVI, compañías
de intérpretes cómicos crearon una serie de personajes tipo como Arlequín
o Pantaleón que eran exageraciones y estilizaciones de cómicos sirvientes,
locos, amantes, abogados, doctores, entre otros. Estos personajes fueron
creados muy en la línea de los personajes de las películas de los Hermanos
Marx en nuestro siglo, inmersos en tramas y decorados predecibles. Cada
actor tenía discursos predeterminados y partes de la acción conocidas
como lazzi. Los decorados proporcionaban guías e indicaban entradas,
salidas y el foco de discursos específicos. Los intérpretes incluían sus
lazzi en estas circunstancias según les pareciera apropiado e improvisaban
la representación. Los actores de commedia se esparcieron por Europa,
las compañías actuaban no sólo en las calles sino también ante los nobles.
La commedia tuvo su apogeo entre 1550 y 1650, y ejerció su influencia
desde el teatro de títeres turco hasta la obras de Shakespeare y Molière. DESARROLLO DEL TEATRO FRANCÉS A finales del siglo XVI, era popular en Francia un tipo
de comedia similar a la farsa, y esto dificultó el establecimiento total
del drama renacentista. En aquel tiempo no existían en París edificios
expresamente dedicados al teatro; se utilizaron con ese propósito canchas
de tenis cubiertas y fueron convertidas en teatros. La fuerte influencia
italiana en Francia llevó a popularizar representaciones parecidas al
intermezzo, que fueron denominados ballets. Hasta la década de 1630-1640, con las obras de Pierre
Corneille y, más tarde, de Jean Baptiste Racine, no se estableció plenamente
el drama neoclásico. Bajo la influencia ejercida por el cardenal de Richelieu,
las normas neoclásicas fueron rígidamente aplicadas, y la obra de Corneille
El Cid (1636), aunque extremadamente popular, fue condenada por
la Académie Française por violar los principios del decoro y la verosimilitud.
Las obras de Racine combinan con éxito la belleza formal de la estructura
y el verso clásicos con temas mitológicos para crear obras austeras de
elevado estilo. Molière está considerado como el gran dramaturgo francés.
Sus farsas y comedias de costumbres reciben en su mayoría una influencia
directa de la comedia, pero generalmente van más allá de su objetivo específico
y podrían considerarse como observaciones sobre las limitaciones y errores
del género humano. Muchas de sus obras están imbuidas de una cierta amargura.
Molière fue también un actor cómico de excepción en su tiempo, y trabajó
con el objetivo de alterar el estilo histriónico y ampuloso que entonces
dominaba la escena francesa. Hizo que los miembros de su compañía, para quienes escribía
papeles a la medida en sus obras, adoptaran un estilo más coloquial y
se movieran de un modo más natural. Aunque tuvo gran éxito con sus producciones,
el estilo grandioso sobrevivió en Francia hasta principios del siglo XIX.
Unos años después de su muerte acaecida en 1673, su compañía fue fusionada,
por orden de Luis XIV con otras de París. De esta fusión surge, en 1680,
la Comédie-Française, aún existente y hoy la compañía de teatro estable
más antigua del mundo. Durante el siglo siguiente el teatro francés estuvo
dominado por los actores y no hubo producciones notables hasta finales
del siglo XVIII. Los teatros de bulevar y feria, casi legales, tomaron
gran auge durante esta época. TEATRO ISABELINO, INGLES Y DE LA RESTAURACIÓN El teatro renacentista inglés se desarrolló durante
el reinado de Isabel I a finales del siglo XVI. En aquel tiempo, se escribían
tragedias academicistas de carácter neoclásico que se representaban en
las universidades; sin embargo la mayoría de los poetas isabelinos tendían
a ignorar el neoclasicismo o, en el mejor de los casos, lo usaban de forma
selectiva. A diferencia del teatro continental —creado con el objetivo
de ser presentado ante un público de elite— el teatro inglés se basó en
formas populares, un teatro medieval vital, y en las exigencias del público
en general. Bajo la influencia del clima de cambio político y económico
en la Inglaterra del momento, así como de una evolución de la lengua,
dramaturgos como Thomas Kyd y Christopher Marlowe dieron lugar al nacimiento
de un teatro dinámico, épico y sin cortapisas que culminó en el variado
y complejo trabajo del más grande genio del teatro inglés, William Shakespeare. Las obras seguían una estructura clásica en cuanto se
refiere a actos y escenas, se empleaba el verso (aunque a menudo se intercalara
la prosa), se recogían recursos escénicos de Séneca, Plauto y la commedia
dell'arte; se mezclaban tragedia, comedia y pastoral; se combinaban
diversas tramas; las obras extendían su acción a través de grandes márgenes
de tiempo y espacio; convivían personajes de la realeza con los de las
clases bajas; se incorporaba música, danza y espectáculo; se mostraba
violencia, batallas y especialmente sangre. Los temas de la tragedia solían
ser históricos más que míticos, y la historia era utilizada para comentar
cuestiones del momento contemporáneo. Las comedias eran frecuentemente
pastorales, e incluían elementos como ninfas y magia. Dramaturgos ingleses
posteriores a esta época, en especial Ben Jonson, observaron de forma
más estricta los preceptos neoclásicos. Las obras se representaban durante los meses más cálidos
en teatros circulares y al aire libre. El escenario era una plataforma
que invadía parcialmente el equivalente al actual patio de butacas, por
entonces un área para estar de pie destinada a las clases bajas. En los
meses más fríos, las obras se montaban en teatros privados para un público
de elite. El estilo de interpretación en los principios del teatro isabelino
era exagerado y heroico como las obras mismas pero, ya en tiempos de Shakespeare,
actores como Richard Burbage habían empezado a modificar su trabajo hacia
un estilo más natural y menos contenido, tal y como se refleja en el famoso
discurso a los intérpretes en la obra de Shakespeare Hamlet. El
decorado era mínimo, y constaba de algunos accesorios o paneles. Las localizaciones
eran sugeridas, y por tanto quizá cobraban más vida en la propia mente
de los espectadores por la poesía de la obras. Tras la muerte de la reina Isabel, el teatro, como reflejo
del clima político y social cambiante, se volvió más oscuro y siniestro,
mientras que la comedia, especialmente las de Jonson, se tornó más cínica.
Asimismo, también se desarrolló un elaborado teatro de corte, la mascarada.
Parecida a los intermezzi italianos y los ballets franceses, las
mascaradas presentaban historias alegóricas —con frecuencia eran tributos
a la realeza— con música y danza. Jonson fue el principal escritor de
este tipo de espectáculos, y el arquitecto Inigo Jones diseñaba el escenario
y la maquinaria con un estilo fantástico e italianizante. En 1642 estalló la guerra civil y el Parlamento, bajo
el control de los puritanos, cerró los teatros hasta 1660. Durante ese
periodo, la mayoría de los edificios teatrales fueron destruidos, y con
ellos gran parte de los testimonios del teatro inglés del renacimiento. Cuando se volvieron a producir obras de teatro tras
la restauración, se atendió a un pequeño grupo de elite. Fueron construidos
pocos teatros nuevos basados en modelos italianos o franceses. La plataforma
isabelina fue conservada pero se combinó con los decorados y los cambios
de perspectiva italianos. Se permitió la entrada sobre el escenario a
las mujeres por primera vez desde la edad media. Las obras observaban
de forma relajada las normas neoclásicas. Aunque las obras de este periodo
puedan parecer para el público actual académicas y rígidas, las comedias
de costumbres ingeniosas, sofisticadas y con clara carga sexual, en particular
las de William Congreve, todavía gustan a muchos espectadores. TEATRO ESPAÑOL DEL SIGLO DE ORO El siglo de oro español designa uno de los periodos
más fértiles de la dramaturgia universal, si bien la propia forma de denominar
esta época ha sido conflictiva de unos países a otros. El origen de la polémica Mediado el siglo XVIII, se elaboraron en España diversos
tratados historiográficos que aspiraban sobre todo a replicar desde presupuestos
estéticos y doctrinarios la proclamada superioridad artística de la Italia
humanista y del Grand Siècle de Luis XIV de Francia, el rey Sol.
La iniciativa emprendida no despertó adhesiones incondicionales, pues
las corrientes ilustradas de la época apreciaron en ese empeño una forma
encubierta de exaltación del rey Felipe II y del espíritu de la Contrarreforma,
una exculpación histórica de los excesos de la Inquisición, así como un
medio de combatir la leyenda negra española, promovido por el clero y
con marcados tintes jesuíticos. Por estos motivos pervivió durante mucho tiempo la discrepancia
sobre la franja cronológica concreta que podía delimitar los orígenes
y la conclusión de la edad dorada del denominado renacimiento español
—concepto que adquiere vigencia a principios del XIX—, pues mientras algunos
estudiosos disociaban la poesía y el teatro del XVI respecto a las innovaciones
que introdujeron Lope de Vega y Pedro Calderón de la Barca, los teóricos
del romanticismo negaban esta distinción, para situar el siglo de oro
entre las postrimerías del reinado de Felipe II y Felipe IV. Más tarde
esta interpretación sufriría sucesivas revisiones, desde las que englobaban
a los Reyes Católicos hasta las que identificaban o confrontaban todos
los conceptos en presencia (renacimiento, siglo de oro, barroco). Ello
ha llevado a los teóricos de la literatura, en estudios recientes sobre
la cuestión, que experimentan un relanzamiento a partir de la recuperación
de Luis de Góngora a partir de 1927, a inclinarse por delimitaciones más
amplias que convertirían el siglo de oro en la época que se desarrolla
entre el renacimiento y desemboca en el barroco, lo que a efectos prácticos
se traduce en el periodo comprendido entre principios del XVI y —por convención
se adopta la fecha de la muerte de Calderón en 1681 como punto de referencia
gráfica— finales del XVII. Asimismo numerosos estudiosos, con el objeto
de superar tales disputas y perfilar de un modo más preciso la cultura
de la época, han optado por hablar de "siglos de oro", poniendo
en cada caso énfasis en la creación en prosa, en la poesía o el teatro. La
'comedia nueva' española Si bien el estudio del teatro del siglo de oro suele
estructurarse partiendo de la personalidad de los máximos dramaturgos
de la época, corresponde a Lope de Vega, junto a los múltiples hallazgos
y aciertos que le caracterizaron como prolífico autor, la responsabilidad
y el mérito de haber integrado en su loa Arte nuevo de hacer comedias
en este tiempo (1609), las líneas matrices que regirán en el teatro
de su época, que denomina 'comedia nueva' española. Es en la búsqueda de la diversidad y en la forma de
la comedia donde se hallan los puntales de este empeño innovador del teatro
que plantea y cultiva Lope. Su propósito fundamental consiste en enriquecer
la escena española, alejándola de las formas dominantes heredadas de los
autos religiosos y profanos procedentes de los siglos XV y XVI. La influencia
italianizante, introducida en España por Juan del Encina y Lope de Rueda,
lleva a Lope de Vega a centrar en la comedia de tres actos y un sistema
de diferentes métricas, y en su inagotable fuente de recursos, el instrumento
idóneo para alcanzar sus objetivos, en tanto contempla la tragedia como
un medio de realizar recreaciones de carácter histórico o profano (Los
comendadores de Córdoba, Contra valor no hay desdicha, La serrana de la
Vera o La corona trágica son claros ejemplos de ello) aunque
tampoco desestima, en consonancia con la escuela de Ludovico Ariosto,
el género épico ni la alegoría mitológica (La Dragontea, Jerusalén
conquistada, La Circe, Roma abrasada o La Filomena), ámbito
donde cosechó duros ataques y desprecios por parte de otros autores. También debe resaltarse la gran variedad de personajes
que las obras de Lope convierten en arquetipos que perdurarán en el teatro
español: el caballero, el bobo, el capitán, el gracioso, el 'Belardo',
(figura que muchos analistas consideran un alter ego del autor,
y portavoz de multitud de noticias sobre los más variados asuntos) que
le permitirán conducir su escritura con una gran libertad para representar
los más variados conflictos de la sociedad de su tiempo. No obstante, según sus propias palabras, en el teatro
de Lope de Vega predomina una intención que se vincula de una parte con
el escenario físico donde solían representarse sus obras, los patios o
corralas de los grandes edificios: "deleitar aprovechando" al
público, principio que se convertiría en un libro y en un lema general
para su discípulo Tirso de Molina; y, por otra parte, una irónica reivindicación
de la libertad del creador respecto a las líneas clásicas y neoclásicas
que ciñen en géneros caracterizados de modo muy estricto. Apelando a un fin didáctico, que debe extraerse de cada
obra escrita, Lope instrumenta la necesidad de que la escena se encuentre
siempre ocupada por los personajes, lo que permite la introducción de
algunos episodios cómicos o satíricos entre los actos, reforzando el naturalismo
que envuelve todo su trabajo teatral. Estos puntos de vista tendrían consecuencias
muy profundas para la dramaturgia española, no sólo por lo que suponía
desplazar hacia el pueblo el "gusto" del teatro —por regla general,
privilegio de monarcas, nobles y gentes adineradas que representaban las
comedias en recintos privados—, sino por afirmar la ruptura de las unidades
de tiempo y acción que restaban movilidad y riqueza al desarrollo argumental
de las comedias. La acción y el tema debían imponerse a los personajes,
por lo común ya bastante caracterizados por su propio papel. Entre Lope, Tirso y Calderón
anda el juego La singularidad de Lope, según Miguel de Cervantes monstruo
de la naturaleza, se evidencia asimismo desde el punto de vista temático
y muy a menudo ha servido para aludir a un supuesto pensamiento del autor
de Fuenteovejuna y Peribáñez o el Comendador de Ocaña, confrontado
a las ideas que articulan la producción dramática de Calderón y los sistemas
alegóricos contenidos en sus celebérrimos autos sacramentales, género
en el que fue maestro indiscutible. De esta forma, la simplificación teórica
ha presentado a Lope como el autor vitalista y entusiasta, apasionado,
espontáneo e inquieto en contraste con el pesimismo moral y providencialista
del mundo calderoniano. No obstante, las diferencias no son tan rotundas,
con independencia de ser reflejo real de la España del siglo XVII, pues
ambos autores participaban de la certidumbre de que los "conflictos
de honor" atrapaban la atención del público mayoritario y compartían
un código de valores que acababan por coincidir en numerosos y esenciales
aspectos. La honra y la devoción religiosa como motivos frecuentes
en las obras de Calderón son fáciles de identificar con los elementos
típicos que configuran las historias de capa y espada, (donde la nobleza
de corazón se opone en numerosas ocasiones a la autoridad y los excesos
de los linajes aristocráticos, comedias consideradas como variantes de
las obras de Plauto y Terencio); lo que se ve muy claro en las comedias
de Lope como Amar sin saber a quién, Quien todo lo quiere, La noche
toledana, El acero de Madrid, El sembrar en buena tierra. No obstante,
es en títulos como El caballero de Olmedo, Peribáñez, Fuenteovejuna
o El mejor alcalde, el rey, donde quedan expuestos los pilares
de las convicciones de Lope: la corona de España como expresión por excelencia
de la justicia y el honor en la vida pública, aun cuando ésta siempre
deba estar en consonancia con el respeto a los súbditos; la lealtad de
los súbditos a su señor, el rey, responsable último de mantener la recta
razón que guía el orden y la justicia del Estado, y la nobleza y dignidad
de los individuos —al propio tiempo, derecho y deber—, en el plano privado
como en el social. En las comedias de Tirso de Molina, sin embargo, aun
cuando se alude a dichos códigos, los principios en conflicto se resuelven
en un contexto de farsa que lleva a los personajes, entre los que destacan
de un modo especial los caracteres femeninos (Tres maridos burlados,
La mujer que manda en casa, La prudencia en la mujer, La dama del Olivar,
Don Gil de las calzas verdes, Antona García), a subrayar el carácter
didáctico que deriva de los propios enredos, imponiéndose a la burla implícita
en los mismos, que evidencia su auténtica significación. Gracias a esta hábil y deliberada combinación de recursos,
preconizada por Lope de Vega y profundamente popular, la trama subraya
el carácter didáctico de las historias, muy a menudo extraídas de hechos
ciertos y sucedidos discutidos por el pueblo llano. Por esta vía, por ejemplo, Tirso convierte en exaltación
de las virtudes teologales o debate sobre la naturaleza de la gracia,
lo que para otros autores representaría tan sólo una vulgar obra de engaños,
cuando no sacraliza la verdad, la familia, el matrimonio y el honor en
términos absolutos mediante un juego de disfraces que, desde la perspectiva
del divertimento, la abstracción o la ambigüedad de los protagonistas,
encubre una caricatura muy penetrante de la hipocresía moral y sexual
de una época. Los pretextos anecdóticos como una empresa amorosa imposible,
un desengaño galante o una apuesta conducen en Tirso, por tanto, a una
alegoría que subyace en la conducta de los inquietos y humanizados personajes,
tan pronto próximos al sistema de arquetipos lopesco (el honor, la justicia,
la misericordia) como a los valores trascendentes que martirizasen el
espíritu de Calderón y su escuela (la honra, la predestinación, el bien
y el mal). Tirso de Molina, artífice en El burlador de Sevilla
de la primera versión del mito de Don Juan y autor de una bella versión
de El libro de Rut (La mejor espigadera), aparte de los
debates teológicos que desencadenó con sus obras, llegó en su concepción
de la comedia a una síntesis en su lenguaje dramático que recobra modernamente
una creciente atención por parte de los estudiosos. TEATRO DEL SIGLO XVIII El teatro del siglo XVIII era, básicamente, y en gran
parte de Europa, un teatro de actores. Estaba dominado por intérpretes
para quienes se escribían obras ajustadas a su estilo; a menudo estos
actores adaptaban clásicos para complacer sus gustos y adecuar las obras
a sus características. Las obras de Shakespeare, en especial, eran alteradas
hasta no poder ser reconocidas no sólo para complacer a los actores sino,
también, para ajustarse a los ideales neoclásicos. A Rey Lear y Romeo y Julieta, por ejemplo,
se les cambiaron los finales trágicos por unos felices, anulando por lo
tanto la intencionalidad del autor. Sin embargo, también se produjo una
reacción contra el neoclasicismo y un creciente gusto por lo sentimental;
esto se debió en gran parte a la aparición de una pujante clase media.
Dramaturgos como el alemán Gotthold Ephraim Lessing, el francés Pierre
de Marivaux, George Lillo y Richard Steele en Inglaterra, escribieron
obras sobre la clases media y baja en situaciones realistas pero simplistas,
en las que el bien triunfaba de forma invariable. Este tipo de obras se
conocía bajo los nombres de drama doméstico o drama sentimental. En España
seguía pertinazmente viva la tradición del teatro del siglo de oro, sobre
todo la de Calderón de la Barca pero ya exenta de los valores de sus creadores
y primando todo lo truculento y artificioso. La tragedia del modelo francés
de Racine no se produjo. Pero en cambio se desarrolló un teatro de tipo
popular que resaltaba los aspectos castizos, por lo general de Madrid,
de los plebeyos. Está analizado como una reacción al despotismo ilustrado,
al que se sumó tanto la aristocracia como el pueblo en general. El pintor
Francisco de Goya retrató este ambiente en el que las fiestas de barriada,
los tonadilleros y toreros sustituyen las fiestas en salones palaciegos
y conciertos y óperas. Leandro Fernández de Moratín reacciona contra estos
extremos y en sus obras realiza una crítica a la sociedad, al estilo de
Moliére, preocupándose por la puesta en escena de las obras, decorados
y realismo. El contrapunto sainetesco y popular lo supuso Ramón de la
Cruz. TEATRO DEL SIGLO XIX A lo largo del siglo XVIII ciertas ideas filosóficas
fueron tomando forma y finalmente acabaron fusionándose y cuajando a principios
del siglo XIX, en un movimiento llamado romanticismo. TEATRO ROMÁNTICO En su forma
más pura, el romanticismo proponía en el plano espiritual, que la humanidad
debía trascender las limitaciones del mundo físico y el cuerpo alcanzar
la verdad ideal. La temática se extraía de la naturaleza y del hombre
natural. Quizá uno de los mejores ejemplos de teatro romántico sea Fausto
(Parte I, 1808; Parte II, 1832) del dramaturgo alemán Johann Wolfgang
von Goethe. Basada en la clásica leyenda del hombre que vende su alma
al diablo, esta obra de proporciones épicas retrata el intento de la humanidad
por controlar conocimiento y poder en su constante lucha con el universo. Los románticos se centraron más en el sentimiento que
en la razón, sacaron sus ejemplos del estudio del mundo real más que del
ideal, y glorificaron la idea de artista como genio loco liberado de las
reglas. Así, el romanticismo dio lugar a una amplia literatura y producción
dramáticas que con frecuencia ignoraba cualquier tipo de disciplina, y
que también solía sustituir la manipulación emocional por ideas esenciales. El romanticismo apareció en primer lugar en Alemania,
un país con poco teatro antes del siglo XVIII aparte de rústicas farsas.
Alrededor de 1820, el romanticismo dominaba el teatro en la mayor parte
de Europa. Muchas de las ideas y prácticas del romanticismo eran ya evidentes
en un movimiento de finales del siglo XVIII llamado Sturm und Drang, liderado
por Goethe y el dramaturgo Friedrich von Schiller. Estas obras no tenían
un estilo en particular, pero si eran emocionales en extremo y, en su
experimento formal, abonaron el terreno para el rechazo del neoclasicismo. Las obras del dramaturgo francés René Charles Guilbert
de Pixérécourt abrieron el camino para el romanticismo francés, que previamente
sólo tenía un punto de referencia en el estilo interpretativo de François
Joseph Talma en las primeras décadas de siglo XIX. Hernani (1830)
de Victor Hugo es considerada la primera obra romántica francesa. El teatro romántico español buscó la inspiración en
los temas medievales y presenta a un héroe individual dominado por las
pasiones virtuosas o viciosas. Se recuperan las formas y estructuras del
teatro del siglo de oro pero con una maquinaria escénica y efectos escenográficos
suntuosos y aparatosos. La voz engolada y el verso rotundo triunfa en
el teatro romántico español. Su gran figura es José Zorrilla el autor
de Don Juan Tenorio. El tema del burlador es retomado con gran
libertad por Zorrilla y en su entusiasmo romántico hace que sea el amor
quien redima al seductor. La fuerza y encanto de este personaje y obra
ha conseguido que nunca haya dejado de representarse en algún teatro español.
Pero el que tuvo un gran éxito en su época y se le considera el introductor
del romanticismo en España es el duque de Rivas, autor de menor valía,
pero al que se le debe la obra Don Álvaro o la fuerza del sino
sobre la que años después Giuseppe Verdi compuso su ópera La forza
del destino. La aparatosidad escénica de Don Álvaro era tan grande
que en la escena final en medio de una tormenta se producen cuatro muertes
violentas mientras unos monjes cantan el Miserere de fondo. MELODRAMA Las mismas fuerzas que condujeron al romanticismo también,
en combinación con varias formas populares, condujeron al desarrollo del
melodrama, el género dramático más arraigado en el siglo XIX. El melodrama
como literatura es a menudo ignorado o ridiculizado, cuando menos desdeñado
por los críticos, porque aporta imágenes de villanos que se atusan el
bigote, o heroínas sujetas a vías de tren. Sin embargo, es incuestionable
que representa la forma más popular de teatro jamás producida. Provee
un vehículo para los efectos escénicos más espectaculares, así como para
una interpretación efectista. Del mismo modo asienta las bases para la
fórmula teatral más extendida hoy día: la televisión. La palabra melodrama
tiene dos significados: combinación de comedia y tragedia (mezcla de géneros),
y un drama acompañado de música. Esta última definición puede aplicarse
fácilmente a la mayoría de películas y producciones televisivas, en las
que los personajes son identificados a través de la temática, y las emociones
del público manipuladas a través de la música. El exponente máximo de
este género fue el dramaturgo alemán August Friedrich Ferdinand von Kotzebue,
el más popular en el siglo XIX. Sus más de doscientas obras fueron traducidas,
adaptadas o imitadas en casi todos los países occidentales. Casi tan popular
como él, fue el autor francés Pixérécourt. Los melodramas se componen
normalmente de tres actos en vez de utilizar la división clásica de cinco.
La trama se centra en torno a un conflicto entre un protagonista virtuoso
y un malvado villano. El héroe salva una serie de dificultades aparentemente
insuperables antes del triunfo final. La trama se queda al servicio de
una serie de momentos de clímax incluyendo muchas muestras del azar del
destino. Los acontecimientos más importantes de la acción pueden incluir
elementos espectaculares como inundaciones, terremotos, erupciones volcánicas,
persecuciones a caballo, o batallas, todo ello llevado al escenario con
gran lujo de detalles. La combinación de una trama compleja e intrincada,
unos personajes nítidamente delineados, fuerte carga emocional, espectáculo,
y un claro mensaje moral, hicieron del melodrama un género enormemente
popular. TEATRO BURGUÉS A lo largo del primer cuarto del siglo XIX, tanto el
melodrama como el romanticismo tendían a aportar una nota exótica, centrándose
en hechos históricos o extraordinarios al tiempo que idealizaban o simplificaban
demasiado la construcción del personaje. Sin embargo, alrededor 1930 en Inglaterra, las características
y los elementos estilísticos de ambas corrientes empezaron a prestar atención
a la vida del momento, a las cuestiones domésticas y aparentemente a temas
más serios. El énfasis pasó del espectáculo y la emoción a la recreación
de lo local y de la vida en el hogar al detalle. Este cambio requería
nuevas prácticas de puesta en escena, las cuales allanarían el terreno
hacia la escenografía moderna. La idea del escenario de caja se puso de
moda; un entorno consistente en las tres paredes de un espacio con el
objetivo de que el público observa a través de la imaginaria cuarta pared.
Accesorios, atrezzo y mobiliario tridimensional vinieron a reemplazar
las representaciones pintadas anteriores. Como los decorados dejaron de
ser un mero fondo, los actores interpretaban como si estuvieran en realidad
en el lugar pretendido, ignorando en apariencia la presencia del público.
Se desarrollaron nuevas actitudes, en vez de asumir una determinada pose
y de recitar versos, los intérpretes creaban acciones realistas, apropiadas
para el personaje y la situación. Se fue prestando progresivamente más
atención al vestuario y al decorado. Asimismo, los autores fueron empleando
más detalles realistas en sus guiones. Al ir aumentando el público, cambiaron las cuestiones
económicas. Mientras que antes los actores formaban parte de una compañía
de repertorio que podía representar docenas de obras en rotación continua
a lo largo de la temporada, los actores empezaron a ser contratados para
intervenir en una sola obra y representarla tantas veces como el público
estuviera dispuesto a pagar. NATURALISMO Y CRÍTICA SOCIAL A mediados del siglo XIX el interés por el detalle realista,
las motivaciones psicológicas de los personajes, la preocupación por los
problemas sociales, condujo al naturalismo en el teatro. Acudiendo a la
ciencia en busca de inspiración, los naturalistas sintieron que el objetivo
del arte, como el de la ciencia, debía ser el de mejorar nuestras vidas.
Los dramaturgos y actores, como los científicos, se pusieron a observar
y a retratar el mundo real. Con una clara influencia de las teorías de
Charles Darwin, los naturalistas ven en la herencia y el entorno la raíz
de todas las acciones humanas y el teatro decidió ilustrarlo. Se abandonó
la preocupación romántica por los valores espirituales. La figura más
representativa del naturalismo en Francia, Émile Zola, comparaba el trabajo
del autor teatral con el del médico que tiene que hacer aflorar la enfermedad
para curarla. El teatro, por lo tanto, tenía que exhibir los problemas
sociales. El resultado de este planteamiento fue un teatro centrado en
los elementos más sórdidos de la sociedad más que en lo bello o ideal.
Los naturalistas buscaban, en palabras del dramaturgo Jean Jullien, presentar
un "trozo de vida, puesta en escena con arte". Teóricamente
una obra naturalista no tenía planteamiento, nudo y desenlace ni nada
de invención dramática. En la práctica, desde luego, los episodios eran
seleccionados y acomodados para facilitar el efecto dramático. APARICIÓN DEL DIRECTOR El naturalismo es responsable en gran medida de la aparición
de la figura del director teatral moderno. Aunque todas las producciones
teatrales a lo largo de la historia fueran organizadas y unificadas por
un individuo, la idea de un director que interpreta el texto, crea un
estilo de actuación, sugiere decorados y vestuario y da cohesión a la
producción, es algo moderno. Durante mucho tiempo, en la historia del
teatro, la función del director era asumida por el autor de la obra. En
el siglo XVIII y parte del XIX, el director era a menudo el actor principal
de la compañía, el actor-gerente. La creciente dependencia de las cuestiones
técnicas, los efectos especiales, el deseo de precisión histórica, la
aparición de autores que no se involucraban directamente en la producción
y la conveniencia de interpretar aspectos psicológicos del personaje,
crearon la necesidad de un director. El duque Jorge II de Saxe-Meiningen,
que regía sobre los actores en su teatro ducal de Meiningen (Alemania),
está considerado como el primer director. El primer director naturalista
en Francia fue André Antoine, cuyo pequeño Théâtre Libre produjo muchas
obras naturalistas nuevas. Antoine intentó imprimir detalles realistas
en todos sus decorados e instruía a sus actores para comportarse sobre
el escenario como si estuvieran en una habitación cualquiera. REALISMO PSICOLÓGICO Del mismo modo que el teatro comenzó a orientarse hacia
el realismo en el retrato del mundo exterior, los estudios en el campo
de la psicología, pioneros durante el siglo XIX, llevaron a un interés
creciente en el realismo de las motivaciones psicológicas de los personajes.
Los autores de finales del XIX crearon personajes tridimensionales colocados
en situaciones y lugares que rezumaban realismo. Las figuras más relevantes
de este estilo eran el dramaturgo noruego Henrik Ibsen y el autor teatral
sueco August Strindberg, considerados con frecuencia como los fundadores
del teatro moderno. Sus obras tratan los problemas sociales como la enfermedad
genética, la ineficacia del matrimonio como institución religiosa y social,
y los derechos de las mujeres, pero también son valiosos por sus convincentes
estudios de individuos. En manos de estos autores el teatro se volvió
progresivamente más introspectivo. El autor de origen irlandés George
Bernard Shaw recibió una clara influencia de Ibsen, pero ésta se tradujo
más en el terreno del comentario social que en el realismo psicológico. TEATRO RUSO El teatro ruso empezó a desarrollarse en las postrimerías
del siglo XVIII. Las figuras más representativas, como Alexánder Ostrovsky
y Nikolái Vasílievich Gógol, eran algo realistas en lo que se refiere
al estilo, pero el naturalismo se impuso a finales del XIX con las obras
de Liev Tolstói y Maksim Gorki. Antón Chéjov, aunque más acertadamente
considerado simbolista, tiene rasgos realistas en sus obras y fue interpretado
con frecuencia como naturalista. Konstantín Stanislavski, un director
que se hizo a sí mismo, en principio siguiendo los preceptos del duque
de Saxe-Meiningen, fundó en 1898 el Teatro de Arte de Moscú con Vladimir
Ivanóvich Nemírovich-Danchenko para la producción de teatro realista.
Tuvieron gran éxito con las obras de Chéjov. Stanislavski se dio cuenta
pronto de que el vestuario y el mobiliario real eran insuficientes, y
que se necesitaba un estilo de interpretación que permitiera a los actores
sentir y proyectar emociones reales. Su deducción cuajó en un sistema,
conocido hoy como el método Stanislavski, que aún es la base para la formación
de muchos actores. ENTRETENIMIENTO POPULAR Aparte del teatro literario y serio existían, por supuesto,
fórmulas populares en los teatros de los bulevares de París, en los teatros
de variedades (music-halls) de Londres y en los locales de vodevil
estadounidenses. La mayoría de estos establecimientos ofrecían variedades:
una mezcla de música, danza, números de circo y pequeñas obras cómicas.
El interés por la fantasía y el espectáculo se satisfacía con el mimo,
la extravaganza y el género burlesco. TEATRO DEL SIGLO XX Desde el renacimiento en adelante, el teatro parece
haberse esforzado en pos de un realismo total, o al menos en la ilusión
de la realidad. Una vez alcanzado ese objetivo a finales del siglo XIX,
una reacción antirrealista en diversos niveles irrumpió en el mundo de
la escena. PRECURSORES DE VANGUARDIA DEL TEATRO MODERNO Muchos movimientos, normalmente agrupados bajo el término
vanguardia, intentaron sugerir alternativas a la producción y al teatro
realista. Varios teóricos pensaron que el naturalismo presentaba solamente
una visión superficial y por tanto limitada de la realidad, que podía
encontrarse una verdad o realidad más importante en lo espiritual, en
el inconsciente. Otros sentían que el teatro había perdido el contacto
con sus orígenes y no tenía sentido para la sociedad moderna más que como
forma de entretenimiento. Alineándose con los movimientos artísticos modernos,
se dio un giro hacia el símbolo, la abstracción, lo ritual, en un intento
de revitalizar el teatro. El impulsor de muchas ideas antirrealistas fue el compositor
de ópera alemán Richard Wagner. Él pensaba que el trabajo del dramaturgo/compositor
era crear mitos, y al hacerlo, el creador de teatro estaba presentando
un mundo ideal en el que el público compartía una experiencia común, quizás
tal y como se había hecho en la antigüedad. Intentó representar el "estado
del alma", o fuero interno, de los personajes más que los aspectos
superficiales o realistas. Además, Wagner estaba descontento con la falta
de unidad entre las artes que constituían el teatro. Su propuesta era
el Gesamtkunstwerk, u "obra de arte total", en la que
se integrarían todos los elementos dramáticos, preferiblemente bajo el
control de un único creador artístico. A Wagner también se le atribuye haber reformado la arquitectura
teatral y la presentación dramática con su Teatro del Festival en Bayreuth
(Alemania), terminado en 1876. El escenario de este teatro era similar
a otros del siglo XIX, incluyendo a aquellos mejor equipados, pero Wagner
sustituyó los palcos y plateas y puso en su lugar una zona de asientos
en forma de abanico sobre un suelo en pendiente, dando así igual visión
del escenario a todos los espectadores. Un poco antes de empezar la función,
las luces del auditorio reducían su intensidad hasta la oscuridad total,
una innovación radical para la época. TEATRO SIMBOLISTA El primero en adoptar las ideas de Wagner fue el movimiento
simbolista en Francia en los años 1880. Los simbolistas hicieron una llamada
a la "desteatralización" del teatro, que se traducía en desnudar
al teatro de todas sus trabas tecnológicas y escénicas del siglo XIX,
sustituyéndolas por la espiritualidad que debía provenir del texto y la
interpretación. Los textos estaban cargados de simbología de difícil interpretación,
más que de sugerencias. El ritmo de las obras era en general lento y semejante
a un sueño. La intención era provocar una respuesta inconsciente más que
intelectual, y retratar los aspectos no racionales del personaje y los
episodios en escena. Las obras simbolistas del belga Maurice Maeterlinck
y el francés Paul Claudel, muy conocidas entre la última década del XIX
y principios del XX, son raramente representadas hoy en día. Sin embargo,
pueden hallarse claramente elementos simbolistas en las obras de Chéjov
y en los últimos trabajos de Ibsen y Strindberg. La influencia simbolista
es también evidente en las obras de dramaturgos estadounidenses como Eugene
O'Neill y Tennessee Williams y el inglés Harold Pinter, impulsor del "teatro
del silencio". También con influencias de Wagner, el teórico de la
escena suizo Adolphe Appia y el diseñador inglés Gordon Craig supusieron
un nuevo avance innovativo en la escenificación y la iluminación que reaccionaron
contra los decorados realistas pintados para proponer, en su lugar, una
decoración sugerente, abstracta, que creara a través de elementos escénicos
e iluminación la ilusión de un lugar real. En 1896 un teatro simbolista
de París produjo la obra de Alfred Jarry Ubu rey, una obra desconcertante
y provocadora para su tiempo. Vagamente basada en Macbeth, de Shakespeare,
la obra presenta unos personajes con características de títere en un mundo
desprovisto de decencia. La obra está llena de humor y lenguaje escatológicos.
Su relevancia ha de buscarse quizá en el desconcierto que provoca y en
la destrucción de casi todas las normas y tabúes del teatro contemporáneo.
Ubu rey da al autor libertad de exploración en cualquier dirección.
Asimismo, sirvió de modelo para futuros movimientos dramáticos de vanguardia
y para el teatro del absurdo de los años cincuenta. Un ejemplo similar
revolucionó la escena española dominada por el teatro realista y costumbrista,
y fue la figura de Ramón María del Valle Inclán y su creación del "esperpento".
Para Valle el teatro debe ser ambiguo. Su técnica consiste en tomar un
argumento de la vida social contemporánea y mediante la exageración hiperbólica
y grotesca del tema y los personajes, deformarlo todo de una manera irónica,
lo que proporciona una absoluta libertad formal en el uso del lenguaje,
registros, estilos y realizar críticas feroces sobre la realidad histórico
social de su época. El público reacciona como si se encontrara ante un
espectáculo de marionetas, no ve una situación cercana —porque ha funcionado
el distanciamiento— y se ve conducido a reflexionar sobre el discurso
crítico y artístico expuesto. Luces de Bohemia (1920), Los cuernos
de Don Friolera (1921) o La hija del capitán (1927) son buenos
ejemplos de este teatro. TEATRO EXPRESIONISTA El expresionista
tuvo su apogeo en las dos primeras décadas del siglo XX, principalmente
en Alemania. Exploraba los aspectos más violentos y grotescos de la mente
humana, creando un mundo de pesadilla sobre el escenario. Desde un punto
de vista escénico, el expresionismo se caracteriza por la distorsión,
la exageración y por un uso sugerente de la luz y la sombra. Las obras,
de autores como Georg Kaiser y Ernst Toller, eran episódicas y empleaban
un lenguaje entrecortado y de imágenes intensas. Los personajes individuales
eran reemplazados por tipos de repertorio y figuras alegóricas, en la
línea de los autos, y las obras giraban en torno al tema de la salvación
de la humanidad. O'Neill, que estaba bastante influido por Strindberg
y los expresionistas, empleó muchas de sus técnicas en algunas de sus
obras, como El emperador Jones (1921) y Extraño interludio
(1928) para explorar la mente de sus personajes. Otros movimientos de la primera mitad del siglo XX,
como el futurismo, dadá y el surrealismo, buscaban llevar al teatro nuevas
ideas artísticas y científicas. El dramaturgo español Federico García Lorca fundió simbolismo,
surrealismo, lirismo, realismo y populismo en un teatro cuyo eje es la
libertad del autor para expresarse. Así lo grotesco domina en la tragicomedia
Don Cristóbal y la señá Rosita (1923), lo simbólico en Así que
pasen cinco años (1931) y lo rural lírico en Bodas de sangre
(1932) o Yerma (1934). TEATRO DEL ABSURDO El género no realista más popular del siglo XX fue el
absurdo. Espiritualmente (si no directamente) desciende de las obras de
Alfred Jarry, los dadaístas, los surrealistas, y la influencia de las
teorías existencialistas de Albert Camus y Jean-Paul Sartre, los dramaturgos
del absurdo vieron, en palabras del autor rumano-francés Eugène Ionesco,
al "hombre como perdido en el mundo, todas sus acciones se revelaron
sin sentido, absurdas, inútiles". Con sus mejores ejemplos en la
obra de Ionesco El rinoceronte (1959) y la del escritor de origen
irlandés Samuel Beckett Esperando a Godot (1952), el teatro del
absurdo tiende a eliminar gran parte de la relación causa-efecto en los
episodios y a negar el poder de comunicación del lenguaje, reduce los
personajes a arquetipos, hace que los lugares donde se desarrolla la acción
no sean concretos, y muestra el mundo alienante e incomprensible. Al escritor
y dramaturgo Fernando Arrabal también se le puede considerar representante
de este teatro, aunque él prefiera hablar de teatro pánico. El absurdo
tuvo su apogeo en la década de 1950, pero de alguna manera siguió vivo
hasta más allá de la década de 1970. Las primeras obras del autor estadounidense Edward Albee
fueron clasificadas como absurdas debido a los elementos, en apariencia
ilógicos e irracionales que definían las acciones de sus personajes. El
dramaturgo británico Harold Pinter también ha sido incluido en el grupo
de autores del absurdo. Sus obras, como El regreso al hogar (1964),
parecen oscuras, impenetrables y absurdas. Pinter explicó, sin embargo,
que son muy realistas porque evocan el mundo cotidiano en el que sólo
se ven y oyen fragmentos no explicados de diálogo y acción. Entre los
dramaturgos españoles seguidores de esta forma de teatro de vanguardia
destacan Francisco Nieva, Alberto Miralles, Diego Salvador y Miguel Romero
Esteo. Aunque el realismo puro dejó de dominar la escena popular
después de la I Guerra Mundial, el teatro realista continuó vivo
en el ámbito comercial, sobre todo en Estados Unidos. Sin embargo el objetivo
parecía ser el realismo psicológico, y se emplearon para este fin recursos
dramáticos y escénicos no realistas. Las obras de Arthur Miller y Tennessee
Williams utilizaban, por ejemplo, escenas basadas en la memoria, secuencias
sobre sueños, personajes puramente simbólicos, proyecciones y otros recursos
similares. Incluso los trabajos tardíos de O'Neill —obras claramente realistas
como Largo viaje de un día hacia la noche (producida en 1956)—
incorporan diálogos poéticos y un fondo sonoro cuidadosamente orquestado
para suavizar el realismo crudo. La escenografía era más sugerente que
realista. El teatro europeo no se hallaba tan mediatizado por el realismo
psicológico y su preocupación se centraba más en los juegos de ideas,
tal y como evidencian las obras del dramaturgo italiano Luigi Pirandello,
los autores franceses Jean Anouilh y Jean Giraudoux y el belga Michel
de Ghelderode. En Inglaterra, durante los años cincuenta, la obra Mirando
hacia atrás con ira (1956) de John Osborne, se convirtió en estandarte
de la protesta jóvenes airados en el periodo de posguerra; en la década
de 1970, una trilogía sobre Vietnam del autor estadounidense David Rabe,
expresaba la ira y la frustración de muchas personas contra esa guerra.
Bajo la influencia de Brecht, muchos dramaturgos alemanes escribieron
obras documentales que, basadas en hechos reales, exploraban las obligaciones
morales de los individuos con ellos mismos y la sociedad. Un ejemplo es
la obra El vicario (1963), de Rolf Hochhuth, que provocó una gran
polémica en su época ya que se acusa al papa Pío XII de haberse inhibido
ante el exterminio de seis millones de judíos en los campos de concentración
nazis. Muchos dramaturgos de 1960 y 1970 —Sam Shepard en Estados Unidos,
Peter Handke en Austria, Tom Stoppard en Inglaterra— creaban obras en
torno al lenguaje: el lenguaje como juego, el lenguaje como sonido, el
lenguaje como barrera, el lenguaje como reflejo de la sociedad. A veces,
en sus obras, el diálogo puede leerse como un mero intercambio racional
de información. Muchos autores teatrales reflejaron también la frustración
de la sociedad frente a un mundo destructivo aparentemente incontrolable. Entre 1970 y 1990 se produjo un retorno al naturalismo
que se hacía eco de un movimiento artístico conocido como fotorrealismo.
Ejemplificado por obras como American Buffalo (1976) de David Mamet,
donde la acción es mímima y el centro de interés se centra en personajes
mundanos y en los hechos que los circundan. El lenguaje es fragmentario,
como la conversación cotidiana. Los escenarios no se distinguen de la
realidad. El énfasis sobre fragmentos de realidad en apariencia sin significado
propicia una cualidad de absurdo, semejante a la pesadilla: podemos encontrar
características similares en autores como Stephen Poliakoff. Un osado
realismo social combinado con un oscuro humor ha sido asimismo muy popular;
esta corriente puede observarse en trabajos muy diferentes como los de
Alan Ayckbourn, Mike Leigh, Michael Frayn, Alan Bleasdale y Dennis Potter. Pero lo más destacado de estos años es la consolidación
de los grupos teatrales que aparecieron en los años sesenta. El grupo
español La Fura dels Baus se inició con espectáculos sorprendentes en
los que la música cumplía un papel fundamental ya que no hay texto oral
y el espectáculo se monta en grandes espacios sin separación entre actores
y público. TEATRO ORIENTAL El teatro oriental
en general —de la India, China, Japón y el Sureste asiático— tienen ciertas
características en común que lo distinguen claramente del teatro post-renacentista
occidental. El teatro asiático es presentacional ya que la idea de representación
naturalista es del todo extraña para el arte asiático. Aunque los teatros
de los diferentes países varían, en general son obras de arte unificadas
—una realización de la idea del teatro total de Wagner— que mezclan literatura,
danza, música y espectáculo. La formación de los actores, por lo general
a través de un largo y arduo proceso, hace hincapié en la danza, en la
expresión y agilidad corporal y en las habilidades vocales más que en
la interpretación psicológica. El vestuario y el maquillaje son muy importantes
y casi un arte en si mismos, con todo tipo de colores e imágenes, así
como elementos que poseen un significado específico. La estilización se
extiende al movimiento, las acciones de la vida diaria se convierten en
una danza o gesto simbólico. Los decorados también son estilizados, por
ejemplo, el escenario del teatro no de Japón usa elementos arquitectónicos
y escénicos con significado propio y que no cambian de obra a obra. La
ópera de Pekín tiene una serie de convenciones establecidas en lo que
a acciones se refiere: un largo viaje se indica por un paseo circular
sobre el escenario, un actor que corre sobre el escenario con cuatro trozos
de tela representa el viento. La teatralidad no se oculta en absoluto,
las tramoyas están a la vista del público mientras se cambia el escenario
y se producen los cambios de decorados. Desde el punto de vista del público, el teatro es participativo,
aunque el público no toma parte en la representación, pero el mero hecho
de ir al teatro es una experiencia compartida. Las actitudes y las expectativas
pueden diferir de las del espectador occidental. Las representaciones
son a menudo largas y los espectadores van y vienen, comen, hablan y quizá
sólo observan sus momentos favoritos de la obra. La solemnidad del espectador
occidental se desconoce. El teatro oriental, como otros aspectos de la cultura
oriental, fue conocido en occidente a finales del XIX. Ejerció cierta
influencia sobre las ideas de interpretación, composición de guiones y
puesta en escena de algunos simbolistas, de Strindberg, de Artaud, del
director ruso Vsiévolod Meyerhold y
del director alemán Max Reinhardt así como sobre otros muchos. TEATRO INDIO Y DEL SURESTE ASIÁTICO El teatro indio en sánscrito floreció en los siglos
IV y V. Las piezas, complejas y épicas, estaban estructuradas sobre la
base de nueve rasas, o humores, más que en los personajes, ya que
el eje de las obras eran las cuestiones espirituales. Sin embargo, se
utilizaban historias extraídas de la gran épica hindú, el Mahabharata
y el Ramayana. Los escenarios tenían una decoración laboriosa,
pero no se usaban técnicas representacionales. Los movimientos de cada
parte del cuerpo, la recitación y la canción estaban rígidamente codificadas.
Las marionetas y el teatro danzado, especialmente el kathakali,
han sido también muy apreciados en varios momentos de la historia de la
India. En otros lugares del Sureste
asiático, el teatro de marionetas es la forma dominante, en especial el
wayang kulit, o marionetas de sombras, en Java. En algunos sitios
las marionetas son tan apreciadas que los actores estudian sus movimientos
para imitarlos. TEATRO CHINO El teatro chino empezó a desarrollarse en el siglo XIV;
era muy literario y tenía convenciones muy estrictas. Desde el siglo XIX,
sin embargo, ha sido dominado por la Ópera de Pekín. En ella se da una
importancia primordial a la interpretación, el canto, la danza y las acrobacias
más que al texto literario. De hecho, la representación puede describirse
como una colección de extractos de varias obras literarias combinados
con una exhibición acrobática. La acción tiende a ser oscura y el énfasis
se centra en la habilidad de los actores. El escenario es una plataforma
desnuda con el mobiliario estrictamente necesario. Las acciones son estilizadas,
los papeles codificados y el maquillaje es elaborado y grotesco; los colores
son simbólicos. Bajo el gobierno comunista la temática ha cambiado, pero
el estilo ha seguido siendo más o menos el mismo. TEATRO JAP0NÉS El teatro japonés es quizá el más complejo de Oriente.
Sus dos géneros más conocidos son el teatro no y el kabuki. No, el teatro
clásico japonés, es estilizado, la síntesis de danza-música-teatro extremadamente
controlados intenta evocar un ánimo particular a través del relato de
un hecho o historia. Está muy relacionado con el budismo Zen. El apogeo
del no tuvo lugar en el siglo XV. El kabuki data del siglo XVII y es más
popular en estilo y contenido. Otros géneros dramáticos japoneses son
el bugaku, un sofisticado teatro danzado, así como un teatro de
marionetas o muñecos llamado bunraku, en el que los intérpretes
sobre el escenario manipulan unos marionetas casi de tamaño natural. Todas
las formas dramáticas se apoyan en el ritual, la danza y la tradición.
Son elegantes y bellas, poniendo el énfasis en valores opuestos a los
del teatro occidental. TEATRO LATINOAMERICANO Se tienen pocas y vagas nociones de cómo pudieron haber
sido las manifestaciones escénicas de los pueblos precolombinos, pues
la mayor parte de éstas consistían en rituales religiosos. Más tarde,
con la conquista española, los esfuerzos por borrar la antigua identidad
para la implantación eficaz de la nueva religión, o bien destruyeron los
vestigios culturales primigenios o estos se fundieron en un sincretismo
con los europeos, con lo cual muestran hoy aspectos singulares que no
se corresponden ni con las culturas indígenas ni con las hispánicas. Tal
es el caso de las celebraciones religiosas populares de Semana Santa en
Iztapalapa y en Taxco o en la celebración del Día de los Muertos en México.
Existe, sin embargo, un único texto dramático maya,
descubierto en 1850, el Rabinal Achí, que narra el combate de dos
guerreros legendarios que se enfrentan a muerte en una batalla ceremonial.
Su representación depende de distintos elementos espectaculares como el
vestuario, la música, la danza y la expresión corporal. |
Funcionalidad y aplicaciones de la semiótica teatral |
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Fragmentos |
| El
Teatro se nos presentará estructurado en dos grandes componentes: El literario
(texto) y el espectacular (representación). Así estos dos elementos conformarán
el hecho teatral. Entenderemos el hecho teatral, como una forma de comunicación,
imaginaria y compleja que consta de dos fases asociadas a cada una de las
partes detectadas en él: El texto y la representación.
La semiótica ante estos hechos permitiría entregarnos unas respuestas ante el hecho teatral. Así, MARÍA DEL CARMEN BOBES , señala : ".. si entendemos que la semiología estudia - o al menos lo intenta - todos los sistemas de signos que pueden dar sentido a una obra, se deduce inmediatamente que no puede limitarse a los signos lingüísticos ( es decir, al texto , como la critica tradicional ) , ni puede limitarse a los objetuales, proxémicos, cinésicos , etc. , que solo aparecen en la escena. La obra de teatro es para la semiología un conjunto de signos actualizados en simultaneidad en escena . Y es muy interesante subrayar que los signos teatrales ., y precisamente por que algunos de ellos no son lingüísticos , puedan actuar simultáneamente en la transmisión del lenguaje al espectador." Por lo tanto, el teatro, semióticamente, se presenta como objeto de estudio de especial riqueza, al entrar a formar parte de su existencia, junto a componentes humanos que hacen posible su completa realización como hecho teatral (autor, director, actor, espectador, etc.). Elementos lingüísticos y multitud de heterogéneos elementos no verbales (desde el gesto a la luz), sobre los que la semiótica tiene mucho que decir. El escenario nos remite a la escena desde su significado originario proveniente del griego SKENE, cabaña, tablado , experimenta una constante amplificación de sentido según PAVIS: "El término escena , al igual que theatron , a través de la historia experimenta una constante amplificación de sentido : la decoración , luego la zona de representación como más tarde el lugar de la acción , más tarde el lugar de la acción , el segmento temporal en el acto y finalmente el sentido metafórico de acontecimiento violento ("hacerle una escena a alguien ") Ante esta concepción el escenario surge como un quiebre en lo que es la puesta escénica tradicional. una constante búsqueda; para estos grupos el escenario es: experimentación, búsqueda de nuevos lenguajes expresivos . Preponderancia de la imagen sobre la palabra , con la incorporación de elementos cinematográficos , de coreografías y , más que nada , de todos los lenguajes involucrados en la puesta en escena . Estos grupos vendrían a proponer una nueva estética de la teatralidad . Alfonso De Toro , respecto a este punto lo llama una estética post moderna " : lo nuevo radica en la toma de conciencia del teatrista , como obrero de espectáculos, como albañil de signos como visualizador de gestos y no como productores de textos literarios para ser representados (... ) Lo "nuevo" se origina en la radical concepción del teatro como gestualidad (... ) lo nuevo se encuentra en la revolución y subversión del lenguaje, de la escenografía , del papel del actor . Es decir, del concepto del teatro ". Para estos grupos el teatro se transforma en un signo. símbolo , pues estas propuestas teatrales presentan un lenguaje preponderantemente visual, misterioso, mas de sensaciones que de explicaciones . Es así , como De Toro señala: " El teatro es un lugar privilegiado del signo , puesto que en el espacio escénico todo es signo, artificial o natural , todo es visto, percibido como signo por el espectador : la pluralidad y la polifonía de signos en el teatro es inmensa ". Diremos que como primer elemento caracterizador de este nuevo teatro esta la intención manifestada o latente de traspasar mas allá de los limites que impone un teatro excesivamente realista , sobre todo aquel en que la palabra hablada y la lógica era lo prioritario . "... la escena es un lugar físico y concreto que exige ser ocupado y que se le permita hablar su propio lenguaje concreto( ... ) ARTAUD. Ese lenguaje creado para los sentidos debe ocuparse ante todo de satisfacerlos . Lo que no le impide desarrollar luego plenamente su efecto intelectual en todos los niveles posibles y en todas las direcciones. Y esto permite la sustitución de la poesía del lenguaje por una poesía en el espacio ...." Erika Cortés Bazaes
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SÍNTESIS HISTÓRICA DE LA EVOLUCIÓN DE LA ESCENA
El espacio de
representación, como un espacio dramático (tal como la conocemos)
tiene sus orígenes en la civilización Griega. No obstante podemos reconocer que desde
las primitivas manifestaciones encontradas en la pintura rupestre, grabados sobre madera y
hueso, etc. (Periodo Neolítico) el ser humano nos deja huellas de una constante
necesidad de representar su relación con el entorno. Podemos afirmar que las diferencias
de origen, forma y motivo son las que nos separan del fenómeno dramático. Estas
respondían a manifestaciones de tipo religioso o ritual. El espacio por lo tanto es de
carácter ritual; (danzas y sacrificios junto al fuego). Las manifestaciones cotidianas y
los fenómenos naturales que no pueden explicar su acontecer, dan paso al desarrollo de
los espacios religiosos, aquellos donde se rinde tributo a los dioses, al sol, a los
fenómenos naturales, y se representan anhelos, temores, o simplemente sucesos que
son reflejos de su interpretación de la vida, o la vida misma. |
| Los
Egipcios, tres mil años antes de Cristo dan el punto de partida a lo que hoy denominamos
como artes plásticas, y al igual que los pueblos mesopotamicos, enriquecen sus rituales
con un conjunto de elementos que acentúan y embellecen sus presentaciones (mascaras,
tatuajes, estatuillas, pinturas, etc.) . Sin embargo no podemos aún hablar de espacio
dramático. Este aparece aproximadamente 6000 a.C. en Atenas, dentro de las actividades
religiosa, festejos que duraban varios días y en los cuales algunos de ellos estaban
dedicados a la representación.
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| Extracto de: Historia Visual del Escenario, de José Antonio Gómez | |
| Colección: Punto de partida N°3 La Avispa, España | |
En Grecia los actos daban comienzo con una solemne procesión, donde sobre un carro-naval (carro festivo del dios) viajaba la estatua del dios Dionisio. Este era un carro tirado por dos sátiros acompañados por danzarines y músicos. El lugar de celebración de las "Grandes Dionisíacas" atenienses era junto al santuario de Dionisio, situado al sur de la Acrópolis. En una explanada en forma de terraza se disponía el ruedo donde actuaba el coro (orquesta) y en medio de ella el altar de los sacrificios. En un principio las gentes se aglutinaban de pie alrededor del ruedo, y una pequeña caseta hacía las veces de vestuario. Esto dio paso posteriormente a unas gradas de madera, que una vez finalizadas las fiestas se desmontaba. |
Celebración "Grandes Dionisíacas" (primeras instalaciones) |
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A medida que las fiestas fueron creciendo en popularidad, las gradas de madera se fueron quedando pequeñas. Si a esto añadimos que en mas de una ocasión esas gradas se vinieron abajo por exceso de peso, no hubo mas remedio, allá por el 500 a. C., que afrontar un graderío de piedra, mas sólido y con mayor capacidad. Para ello se aprovechó la ladera de la colina que había junto a la Acrópolis.
Teatro Griego (sección transversal) Cuéntase que el derrumbamiento de aquellas gradas el año 499 a. de J. C. a causa de la aglomeración de público, condujo la erección del primer teatro permanente. La causa de esta erección es diversa, según algunos autores, y Suidas refiere que hacia la Olimpiada LXX se incendió el teatro de Atenas, que era de tablas, en ocasión en que se representaba un drama del poeta Pratinas, y que poco después, habiéndose perfeccionado la poesía dramática en Grecia, el ateniense Esquilo persuadió á sus compatriotas de la conveniencia de construir un teatro de piedra, y, en efecto, se encargó la construcción del mismo a los arquitectos Demócrates y Anaxágoras, y se eligió para ello una llanura situada al pie de la Acrópolis. |
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| Configuración del Teatro griego |
Vista general |
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| 1 Diazomatos 2 Kerkides 3 Theatron (Hemiciclo) 4Orkestra 5
Lugar de la Skene 6 Thymile
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| Frente al graderío se situaba la skene, lugar donde interpretaban
los personajes la acción. La skene (escena) consistía en un cuerpo edificado
que tenia aproximadamente 6 metros de altura, y en la parte delantera
estaba adosado el Proskenion (proscenio), cuya forma era alargada
y poco profunda.
La skene, aunque en un principio se remato con un tejado, con el transcurso del tiempo se convirtió en una especie de azotea o puente (Theologieón), que era el lugar donde se colocaban los dioses. Se serraba la skene con dos construcciones (Paraskenia) que avanzaban hacia la orquestra utilizados en ocasiones para ocultar la maquinaria (deux ex Machina). |
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| 1 Proskenion 2 Paraskenia 3 Theologieón 4 deux ex Machina
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| Parece ser que fue Sófocles quien introdujo por primera vez los decorados escénicos y la tramoya. Así además de la grúa que se utilizaba para hacer descender a los dioses, se empleó una "trampa" para realizar apariciones de personajes. | |
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| Teatro Romano, sección transversal | |
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| Teatro Romano, vista general
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La descripción más antigua de las partes de un teatro primitivo está escrita por Vitrubio en su libro V. Las tres partes principales eran: la sala, auditorio o cavea de los latinos; la orchestra y las edificaciones de la escena (literalmente en griego, tienda, o barraca, en latín scena). Como la orchestra era el germen del teatro, determinó también la forma de éste, y en el teatro griego conservó su forma circular en muchos edificios, como por ejemplo, en el Teatro de Epidauro. El auditorio estaba dividido por hileras de asientos en forma de cuñas o cunei y también longitudinalmente por un pasillo o praecinctio. En Grecia escogíase siempre para el auditorio la falda de una colina y se le ponían asientos de piedra en hileras, en forma de gradas, análogas á las de los actuales tendidos en las plazas de toros. CAVEA Parte del teatro dotada de gradas y reservada a espectadores cuyo perímetro supera al semicírculo en el teatro griego y es semicircular en el teatro romano. Se divide horizontalmente en maeniana o desde la parte baja en ima, media y summa cavea. Radialmente se estructura en sectores llamados cunei. -
MAENIANA Sectores horizontales en que se divide la cavea mediante
pasillos o praecintios. |
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